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Todos llegamos a una época en nuestras vidas en la que por un lado salimos el sábado en la noche y, por otro, tenemos grandes responsabilidades en nuestras manos. Y por lo tanto, cuando vivimos así, aún no estamos seguros si entramos de cabeza en la vida adulta o si aún estamos en ese extraño período en el cual no somos «adultos» como nuestros papás ni «adolescentes» como nuestros hermanos menores. A veces nos surgen unas ganas locas de ser adultos hechos y derechos, pero también añoramos esas juergas del pasado.

Por eso, esta lista tiene la respuesta a tus dudas. Si has vivido alguna de estas situaciones, ya no hay vuelta atrás: eres un adulto hecho y derecho, en las buenas y en las malas.

1. Las 6 A.M. ya no es hora de dormir, sino hora de despertar.


¿Te acuerdas cuando te sentías imparable y las fiestas eran eternas? En esa época, las 6 de la mañana era la hora del merecido descanso después de una noche épica. Ahora también quieres dormir a las 6, pero se acabó el juego: si despiertas más tarde, llegas atrasado al trabajo. Y en realidad, ya ni te gusta la idea de estar de fiesta a las 5:00 porque te sientes como zombi mucho antes.


2. Las canciones que escuchas son «música de tío (a)».


Cuando ya eres un adulto, te acuerdas de todas esas canciones que te encantaban (y también de aquellas que odiabas), las colocas en Spotify y las disfrutas y cantas como si estuvieras en un karaoke… hasta que una persona mucho más joven te comenta que esa canción es la favorita de su tío. Cuando te pasa eso, ya no hay vuelta atrás: DEFINITIVAMENTE eres un adulto.


3. Finalmente usas la computadora para trabajar.


Todos aquellos que hemos pedido a nuestros papás una computadora «para las tareas escolares» estábamos mintiendo. Con momentos así aprendimos la malicia en la vida, porque sólo queríamos procrastinar con estilo. Ahora, sin embargo, tu día a día es un malabar de tareas y redes sociales porque tu empleo depende de que estés haciendo algo realmente productivo… o al menos lo finjas con estilo.


4. Tus vacaciones se evaporan como tus lágrimas.


¿Te acuerdas de cuando tenías varios meses de descanso al año? Buenos tiempos que ya se han ido, como la última vez que lloraste cuando se acabaron esas tres semanas de vacaciones acumuladas con mucho sudor. Quizás ahora las disfrutas más, pero las lágrimas de tristeza son más saladas cuando vuelves a tu escritorio en la oficina después de un corto verano… y te das cuenta de que ya eres todo un adulto.


5. Tu refrigerador ya no es como aquellos de película adolescente.


Otra señal de que eres un adulto se ve en tu relación con la comida. Ya no te acuerdas a qué hora cierran los locales de comida rápida, comerte unas alitas ya no es una opción para después de beber y, ahora tu refrigerador tiene más comida que cerveza. Y no estamos hablando de «comida chatarra»: ahora tienes comida de verdad y en la mañana de domingo comes comida de desayuno, no hamburguesas.


6. Tu quincena dura menos que tus esperanzas.


Y ahora que eres un adulto, siempre te acuerdas de cuando tu mamá decía: «Ten un guardadito». De hecho, te acuerdas de sus sabios consejos de economía doméstica cada vez que ves una promoción de alimentos y bebidas, una buena opción de hacerte socio de una buena tienda, concursos y cosas así porque, sin esa sabiduría maternal, tu quincena dura menos que tus esperanzas de conquistar el mundo cuando la recibes.

Ahora que eres todo un adulto, debes actuar con mucha inteligencia y escuchar la voz de la experiencia, que probablemente te diría que aproveches las promociones de Sam’s Club.

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Con todas estas ofertas, tu quincena finalmente durará más que tus esperanzas.