Tenía solo 33 años cuando sucedió algo que cambió para siempre el rumbo de su vida; tras un atentado terrorista ocurrido en su natal Lima una tibia noche de septiembre en 1992, un carro bomba estalló en la intersección entre Argentina y Nicolás Dueñas, quitándole la vida a muchas personas, y dejando ciego a Rigoberto Camaro. 

Luego de eso su vida dio un vuelco trascendental, y decidió tomar una decisión que pocas personas en su condición, tienen el coraje de tomar: seguir una vida total y completamente normal.

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¿Cómo lo hizo? Rigoberto comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional de Lima, en la sala de invidentes. Aquí desarrolla importantes labores que tienen que ver con la transcripción de obras al sistema Braille. Sin ir más lejos, la última obra que tradujo fue “Los Cachorros” de Mario Vargas Llosa. 

Además de esto, Rigoberto siguió corriendo como lo hacía a diario antes del accidente. Esto fue posible gracias su gran amigo Victor Espinoza, quien es su guía y mano derecha. Lo más importante de esto, es que ha vencido todo paradigma social que lo “invalida”; y su último desafío fue la carrera de 10K de la maratón Movistar Lima 42K, que sin duda corrió con mucho entusiasmo.

“Mis sentidos se afinaron con el tiempo, cuando corro siento los pasos de corredor más próximos a mí y acelero para evitar que me sobrepase”.

Victor, su gran amigo, no lo ha dejado solo en esta cruzada, y a diario entrena con él para hacer frente a cualquier meta que se proponga. Su tarea como brazo derecho es evitar que Rigoberto tropiece con algún obstáculo del camino o con otro corredor.

Sin duda Rigoberto es un gran ejemplo de resiliencia y valentía, y esta, es una más de las miles de historias que corrieron el 21 de mayo en Lima.