¿Eres una de esas personas que se considera «gamer»? Quizás no, porque hoy en día ser un gamer es prácticamente ser un profesional, un big boss de los videojuegos y saberlo todo. Si un gamer de hoy pudiera hacer en la vida real lo que puede hacer con un control de consola, uff… sería como si Batman, Deadpool, Superman y Thanos fueran una sola persona.

Existen muchas personas a las que les encanta los videojuegos y asimismo no se consideran gamers, pero aún así caen en algunos de los pecados que todos cometemos alguna vez.

Y tú, ¿qué tan pecador eres?

1. Caer en la ira del perseguido.

Lyncconf

Imagina que estás jugando Super Smash Bros Ultimate con amigos y, de pronto, te das cuenta que detestas a tu mejor amigo (sí, ese que creció contigo), porque anda golpéandote con impactruenos desde que comenzó el juego y que te mandó al espacio como 54 veces. En ese momento, crees que tu bro te está persiguiendo (siendo que en realidad es bueno y está siendo igual de maldito con todos) y tu ira te hace querer borrarlo del mapa (sólo en el juego, claro). Hermano, tranquilízate y no pierdas tu equilibrio espiritual.


2. La gula que te hace perder.

Cuando estás jugando Fortnite debes entregarte en cuerpo y alma al juego, con toda tu concentración, mirando a la pantalla y NO a las papas. Y si cedes a la seducción de esas papitas hermosas y sueltas tu control en un mal momento para comerlas, eres hombre muerto. Y si comes mucho en la pausa y luego tomas tu control con tus manos grasientas, también eres hombre muerto porque las manos resbaladizas son una debilidad más para ti en el mundo sin misericordia de Fortnite.


3. Ceder a la pereza del camper.

Gamerscore Blog / Flickr / Microsoft / CC BY-SA 2.0 – sin modificación

Algunos «pecados» pasan por hacer algo que te hará perder el juego, pero otros pecados pueden hacerte ganar el juego y perder amistades. Y en ese último sentido, este es uno de los peores. ¿Quieres perder amigos? ¿Quieres que nadie juegue contigo? Entonces sé perezoso, no salgas de tu lugar en la pantalla y «campea» en un shooter, como Gears of War. Estarás todo tranqui, sin moverte de tu lugar, esperando que algún tonto se te cruce para que le dispares con todo… y para que después él te odie por toda la eternidad.


4. Ser soberbio por ser bueno.

Joshua Livingston / Flickr / Bethesda Softworks

La soberbia es un fenómeno universal. Aunque seas un verdadero ninja con los controles o simplemente seas el mejor (o el «menos malo») de tu grupo de amigos aficionados al videojuego pero más malos que la maldad, siempre está la tentación a creerte el súper crack y andar burlándote de los demás, por ejemplo, matarlos de las maneras más brutales y espectaculares en juegos sangrientos y épicos como Dishonored.


5. Comportarte como un dueño avaro con tus amigos.

Clásica es la figura de ese tipo que ostenta su PlayStation 4 con esos súper controles Alphine para jugar un montón de juegos súper chidos. Pero incluso Quico comparte su pelota a veces, así que si no prestas nada de lo que tienes en algún momento y juegas solito con todo eso, uff… tendrás menos amigos que Quico (y eso que sus amigos deben tener mucha paciencia para soportarlo). Así que, amigo, si tienes una consola y unos controles como esos compártelos y serás feliz.

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