Desde que ingresé a la vida laboral, yo soñaba en armar una vida independiente de mis padres. Siempre me planteaba el anhelo de formar una familia y armar una empresa. Y siempre supe que para lograr eso debía visualizar mis sueños con fuerza todos los días, porque no puedo cumplir nada si no anhelo las cosas con pasión.

Pero pronto me di cuenta que la vida es mucho más difícil de lo que parece porque, en realidad, soñar no es suficiente. Nuestros sueños son una manera de organizar toda la información que hemos recibido durante el día y, además, son como una labor de entrenamiento para que podamos enfrentar situaciones que tememos. Por lo tanto, los sueños nos preparan para enfrentar la realidad pero somos nosotros quienes debemos enfrentarla.

Los sueños son nuestra energía para seguir adelante y debemos aprovechar esa energía luchando todos los días y aprendiendo de las adversidades. Por lo tanto, me di cuenta que no me servía de nada soñar con fuerza sin establecer un plan para cumplir ese sueño.

Y cuando comencé a enfrentar mis miedos e ir por mis objetivos, me di cuenta que también necesito experiencia. Armé una pequeña empresa y formé una familia, pero el emprendimiento estuvo a punto de cerrar. Tuve que sacar muchas lecciones de mis momentos de crisis, nunca rendirme y seguir adelante, con la frente en alto, porque sabía que mi familia contaba conmigo. Fui aprendiendo cada vez más y ganando cada vez más experiencia, porque mi familia contaba conmigo y porque, con mis vivencias, descubrí que los sueños no son lo único que te da energía para seguir adelante.

Con el paso de los años descubrí, de una manera cada vez más clara, que el deseo de vivir cosas aún más grandes también me motiva a mejorar lo que ya tengo y buscar el crecimiento. Desde que tuve mi segundo hijo, yo y mi marido tuvimos que luchar para que nuestros ingresos crecieran y, con nuestras experiencias y sueños compartidos, lo logramos.

Pero entonces nos dimos cuenta que, si el aprendizaje con nuestros múltiples errores y nuestra experiencia nos permitieron lograr todo eso, podíamos desear algo aún más grande. Si tenemos un vehículo, ¿por qué no podemos tener uno mejor? Y si logramos eso, ¿por qué no dejamos de arrendar una casa y no comenzamos a invertir en una casa propia?

Nos dimos cuenta que siempre hay más por alcanzar, que podemos ser mejores trabajadores, mejores padres, que podemos llevar adelante una mejor vida. Y aprendimos todo eso porque contamos con la ayuda de Scotiabank Colpatria para llevar adelante nuestros negocios con un plan, una experiencia y un crecimiento junto a ellos. Con su ayuda, nos motivamos a ir más allá de nuestros sueños y querer ser cada vez mejores. Con Scotiabank Colpatria, aprendimos que siempre hay algo más por alcanzar.