Probablemente mi historia no te suene para nada familiar, y cómo no, si podría apostar a que nunca te has puesto a pensar que esto podría pasarte a ti.

Esta vez vengo a hablarles a ustedes, que siguen corriendo sin detenerse en los detalles que podrían acercarlos a otras realidades; hablo de realidades donde volver a la vida es el regalo más grande que jamás hayas imaginado. De eso hablo.

Hace un par de años consideraba mi vida y la forma en la que la estaba llevando como la mejor aventura; y es que siempre he tenido la sensación que aquellos que viven así de felices son premiados por el destino, el cual se encarga de devolver con pequeños -pero significativos- momentos la constancia y la buena cara que le pones al vertiginoso camino de la vida.

Todo iba bien, disfrutaba un presente en compañía de buenos amigos, y de la incondicional figura de mis padres. Todo era color de rosa, y mi futuro debería seguir en esa misma línea. Pero el destino quiso lo contrario para mí, y en realidad, para todos quienes me rodeaban.

Comenzaron las eternas visitas a diferentes doctores, con la esperanza de que al menos uno de ellos dijera que dentro de dos semanas el intenso dolor que sentía pasaría, sin embargo, esas dos semanas se convirtieron en meses, y luego años.

Un diagnóstico daba el peor de los escenarios: la necesidad de un transplante de órganos de manera urgente.

Sin duda debió ser la notica más injusta que mis padres hayan escuchado, y es que un pedacito de ellos se enfrentaba a la más dura de las batallas.

Hasta ese momento la donación de órganos era completamente desconocida para mí, y es que nunca nadie imaginó que esto podría pasarnos.

Comenzó entonces la espera de una angustiosa noticia: que alguien decidiera donar sus órganos, mientras yo luchaba por vivir aún cuando el tiempo me jugaba en contra.

Los meses pasaban, y la noticia que tanto esperábamos no llegaba. Cada día significaba enfrentar nuevos y complejos escenarios que venían a acallar en cierto momento las ganas de querer seguir luchando; y es que el cansancio muchas veces se hacía insostenible y la mezcla de esto con la decepción de no ver resultados estaban constantemente presentes en mis pensamientos.

Sin embargo, la mañana de un miércoles que nunca voy a olvidar se convertiría en la esperanza que necesitaba para volver a la vida. Alguien había tomado la valiente decisión de donar sus órganos para salvarme, y digo valiente porque gracias a esa decisión hoy puedo seguir sonriendo y dejar atrás un triste recuerdo de todo lo que había pasado.

Pero, ¿qué es la donación de órganos y cuántas vidas podrías tú salvar?

La donación de órganos es un acto voluntario, donde una persona o su familia deciden que los órganos sean extraídos del cuerpo, e implantados en otra persona. Esta donación es posible realizarla tanto por personas vivas que ceden un órgano a algún familiar (siempre y cuando el funcionamiento vital de cuerpo no presente alteraciones), y por personas fallecidas, siendo extraídos sus órganos por personal altamente calificado.

En Chile, un tratamiento de órganos permite salvar la vida de más de 1.700 pacientes que conforman la lista de espera de nuestro país, y que sólo necesitan de tu voluntaria y valiente decisión para seguir con vida.

Genera una conversación en torno a este tema con tus amigos, y principalmente con tu familia, ya que serán ellos quiénes tendrán la decisión final de salvar a otros.