Hoy es un buen día para agradecer por haber nacido en las tierras que recorrieron los mismísimos aztecas y mayas. Donde el mariachi, el danzón y la jarana se llevan muy bien cada domingo, porque cada domingo tiene el distinguido e inigualable sazón de la abuela.

Haber nacido mexicano es lo mejor que me pudo pasar.

Gracias por las tardes familiares con mamá, papá, hermanos, primos, tíos, abuelos, sobrinos, concubinos, padrinos, ahijados, vecinos, colados y ex compañeros de la secundaria.

No hay palabras que me alcancen para decir GRACIAS por todas esas noches que improvisamos «algo tranqui» en mi dulce morada y todo terminó totalmente descontrolado.

Si hay algo de lo que me siento agradecido es porque ser mexicano no es garantía de ser güero, pero la señora de los tacos de la esquina siempre me dedica estas angelicales palabras: «¿Güerito, le sirvo lo de siempre?».

La fila de las tortillas, un poema.

Sería ingrato no agradecer ser mexicano porque eso me dio la oportunidad de comer frijoles a toda hora, comer tacos con copia, y pedir salsa de la que no pica.

Gracias México, porque si no fuera mexicano no me hubiera enterado jamás en mi existencia del innegable poder de la chancla voladora de mamá. Gracias, gracias, gracias.

Amo el país donde nací y crecí; amo sus tradicionales fiestas y respeto a todo aquél que se pierde la mitad de la noche de Independencia. ¡Salud!

Gracias México por ser como eres. Cada día intento ser mejor por ti y por mí y por todos los que dicen que las quesadillas también son de guisado. Me esforzaré para que algún día entiendan que las quesadillas son de queso y nada más.

México, a ti te debo la diversión y buenas charlas de las tardes futboleras con carnes asadas y cervezas bien heladas. Aunque a veces se me remuevan sentimientos y lágrimas rueden por mis mejillas.

Sólo una cosa más quiero decir: #NoEraPenal.

Ciertamente amamos a los holandeses tanto como amamos a todos nuestros hermanos del mundo, pero aunque hayamos perdido aquél partido frente a Holanda, tres años después aún tenemos la certeza de que lo de Robben no fue penal.

Aún así queremos darte las gracias, Robben, porque por tu cantaleta nos diste mas coraje y más orgullo como mexicanos. Porque lo que hiciste al hacer como que jugabas fútbol de verdad, es casi lo mismo que vender cerveza con olor a tequila.

Cada serenata, cada piñata quebrada, cada plato de mole poblano y cada caballito de tequila es lo que nos identifica como país. Es un pedacito de México que cuidamos con el alma. Así que por favor: defendamos lo nuestro.

¡Viva México, camiones!