Sabemos exactamente lo que se siente ser raro. Y es que algunos dirán que eres raro, pero para nosotros simplemente eres único. Por eso celebramos la rareza, somos orgullosamente raros.

¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres raro? Y si alguien te lo ha dicho, ¿le agradeciste? Porque todos tenemos nuestra cuota de rareza y está totalmente bien ser así. De hecho, muchas personas que creen que ser raro no es bueno no se dan cuenta de que, muchas veces, disfrutamos de pequeñas y grandes cosas gracias a quienes tienen trabajos muy, pero muy raros.

Hay gente que se gana el pan de cada día siendo aún más raro que tú… y todos les debemos un gran agradecimiento. En serio, aquí tienes unos ejemplos:

1. Abrazar por profesión.

Laura Hames Franklin

Todos nos sentimos solos de vez en cuando. Y cuando no hay una persona en la calle con un cartel que diga «abrazos gratis», existe algo más peculiar: un «abrazador profesional». Con estos trabajadores, puedes pagar por una hora de abrazos y amistoso calor humano, especialmente buenos en días más fríos. ¿Cuántos días tristes y solitarios pueden cambiar completamente gracias a un abrazo? Muchos más de los que puedes imaginar… Por eso, ¡estas personas son mucho más importantes de lo que parecen!


2. Empujar gente en el metro es bueno (a veces).


Si vives en la Ciudad de México (u otra ciudad muy poblada), seguramente te has quedado afuera del vagón por exceso de gente en el andén, ¿no? Bueno, en Tokio, por ejemplo, existen profesionales que se ganan la vida empujando cuidadosamente a las personas hacia dentro del tren y ayudándolas a caber en el metro. En el fondo, muchos le deben su llegada puntual al trabajo a estos profesionales, que nos ahorran más de un dolor de cabeza (y más de un regaño de un profesor o jefe).


3. Dormir por dinero.


¿Cómo? ¿Dormir y ganar dinero con eso? Sí, exactamente. En Finlandia, por ejemplo, un hotel contrató a un empleado para que se dedicara exclusivamente a dormir en todos sus colchones y evaluar la comodidad de cada uno. Si estás durmiendo en una maravillosa cama de hotel, quizás un «dormilón profesional» la aprobó… ¿Qué sería de esas noches de ensueño sin estos nobles trabajadores? Ninguna de ellas sería lo mismo. ¡Son unos héroes anónimos!


4. Ser un sexador de pollitos.

Si te encanta el pollo, debes agradecer al peculiar trabajador que se dedica a mirar su parte trasera. Estos profesionales pueden ganar lo equivalente a más de 100 mil pesos mexicanos al mes, pero trabajan 12 horas al día detectando si son machos o hembras y muchos renuncian a este trabajo, ya que es más difícil de lo que parece: ¡sólo se pueden equivocar de sexo en un 3% del total de los pollos que ven al día! Con eso, estos profesionales ayudan en la organización y reproducción de estos animales para que tú puedas comer más pollo. Entonces, si comes mucho pollo, recuerda que lo haces porque un «sexador» hizo un trabajo bien hecho. Sin él, probablemente ni podrías comer todo el pollo que comes.


5. ¡Adiós filas!


Es cierto, existen héroes y heroínas que, por una cierta suma de dinero, toman por ti un puesto en la fila para que logres comprar eso que tanto quieres. De hecho, a veces la fila por un nuevo aparato tecnológico recién salido del horno puede representar hasta 19 horas de espera. Y gracias a esta labor, de eso tú te olvidas. Es difícil no amar un guerrero del cotidiano como estos, que sacrifica su tiempo para que nosotros podamos disfrutar del nuestro. Sin ellos, tendríamos toda una vida de filas interminables por delante.

Por estas y otras personas, los «raros» no buscan aceptación, pues sobresalen gracias a las cosas que hacen, ya que el «raro» es el nuevo cool.

Ten orgullo de tu rareza interior y celébrala con esos peculiares profesionales, como lo hace Skwinkles. Celebremos esos pequeños toques de rareza dentro de cada quien por hacer de este mundo un lugar más interesante. Algunos dirán que eres raro, nosotros te diremos que eres único.