Por Camilo Fernández
6 abril, 2018

Esto es masoquismo puro, pero no lo podemos evitar.

Si no pica, no vale. Hay quienes les encanta lo picante. Si los hace sudar y botar lágrimas, mejor. Uno podría pensar que esto es puro sadomasoquismo gastronómico, pero es mucho más interesante que eso. Hay una explicación científica de por qué nos gusta tanto esta sensación de ardor.

La quemazón que siente la lengua al comer chile o ají es generado a partir del compuesto químico de estos alimentos. La capsaicina, derivado de la familia de la vainilla, llega hacia los receptores V1 TRV1 de nuestra boca y lengua, reaccionando a la proteína del sistema nervioso relacionado con las transmisión del dolor. 

Es decir, ¿nos gusta el dolor?

Pixabay

Cuando el cerebro recibe esta señal, hace sentir como si tu boca estuviera en llamas, lo que termina por producirnos daño y placer al mismo tiempo.

Es el mismo cerebro que frente al ardor, comienza a liberar endorfinas para reducir la sensación y, por ende, a sentirte aliviado.

“Dicha estimulación produce la liberación de opioides y endorfinas que neutralizan el dolor, detienen la liberación de la Sustancia P, neurotransmisor asociado con el dolor, y de esta forma se percibe una sensación de placer y de alguna forma un grado de adicción”, explica Diana Lizárraga Chávez, Doctora y Maestra en ciencias de la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional.

Aquí es donde se produce la ironía. Entre más ardor, mayor placer sentimos. 

El picante podría a llegar a ser adictivo, ya que el efecto secundario que produce es sumamente “enganchador”. El cerebro busca situaciones que generan bienestar, por lo que entre más te gusta, más lo repites. 

El ardor también representa una situación de riesgo, como explica Paul Rozin, psicólogo de la Universidad de Pensilvania, pues es corta y sin gran riesgo. El efecto es tan intenso, que se provoca una fuerte liberación de hormonas. 

Pixabay

Esto bien lo saben los mexicanos, un pueblo famoso por el gusto al picante, siendo los primeros en domesticar el maíz y el chile en tiempos prehispánicos.

Además, los humanos son los únicos que disfrutan el comer picante. Por ejemplo, las aves, no tienen los receptores que mandan la señal al cerebro que la boca está ardiendo.

Otro dato que hay que tener en cuenta es que si uno se acostumbra a comer picante, cuando se deja, los alimentos dejan de saber igual. Esto es por lo mismo de lo que hemos estado hablando antes: el placer. 

Pixabay

Que te guste el picante también depende tu personalidad, según un estudio de la Universidad de Pensylvania.

Los que disfrutan más con las cosas novedosas y las emociones fuertes, les gusta más ese tipo de comidas, mientras que los más tranquilos evitan esta comida o solo soportan pequeñas cantidades.

Puede interesarte