Por Andrés Cortés
13 junio, 2017

Lleva 176 años encerrada en una frasco con formalina.

La idea de congelar nuestros cuerpos y despertar 100 o 200 años después es una temática recurrente en el cine de ciencia ficción en donde se enseña un futuro que cada vez es más real. La criogenización ha estado en la mira de todo aquel interesado en los tópicos de la salud. Sin embargo, en 1841 no existían muchos avances científicos, pero aún así se podía mantener partes de cuerpo humano hasta la eternidad.

Diogo Alves fue un asesino en serie que, una vez capturado, fue sentenciado a la muerte en el año 1841. Durante su vida delictual llegó a asesinar a más de 70 personas en Lisboa, Portugal.

No obstante, la frenología (teoría muy popular en el siglo XIX en donde se estudiaba el cerebro) se apoderó de su cabeza y fue conservada en formalina hasta el día de hoy.

Diogo Alves nació en 1810, en España. Sin embargo, no tardó mucho para mudarse y establecerse en la capital de Portugal en su juventud.

Alves, a la edad de 26 años, decidió dar un vuelco al corriente sistema de obtener dinero que involucra el trabajo, por lo que se dedicó a robar.

Retrato Diogo Alves – WikiMedia

Sus crímenes se perpetraron gracias al acueducto de aguas abiertas, una construcción de 700 pies de altura sobre el agua. Su uso se lo daban principalmente los agricultores para llevar sus cosechas. Sin embargo, Alves vio una oportunidad allí.

Diogo Alves esperaba el anochecer, cuando los campesinos regresaban a su casa. En ese momento, le robaba todas sus ganancias y los arrojaba a un acantilado con el cual simulaba el suicidio de sus víctimas.

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Utilizando esta técnica, asesinó a más de 70 personas dentro de un año. Sin embargo, como las personas asesinadas eran de clase baja y los crímenes eran camuflados como suicidios, la policía de la época nada hizo por detener estos hechos.

Sin embargo, Diogo Alves cambió sus objetivos. Él, junto a un grupo de ladrones, ingresaron a la casa de un médico de la zona y asesinaron a toda la familia. Fue entonces cuando la policía entendió que Alves había sido el culpable de las muertes de los campesinos.

Diogo Alves fue condenado a muerte por ahorcamiento en 1841.

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A mediados del siglo XIX, la frenología, teoría médica según la cual cada instinto o facultad mental radicaba en una zona precisa del cerebro la cual a la vez corresponde a un determinado relieve del cráneo, tenía mucha fuerza.

Los seguidores de esta teoría creían que era posible medir las tendencias criminales de alguien simplemente examinando su cráneo. Y que mejor ejemplo de asesino criminal que Diogo Alves.

Para su posterior estudio como ejemplar asesino en serie criminal, la cabeza de Diogo Alves fue conservada en formalina desde 1841 hasta la actualidad.

A día de hoy aún permanece en un estante en la facultad de medicina de Lisboa, luego de 176 años.

Los frenólogos lamentablemente no lograron rescatar ninguna idea del cráneo de Alves, pero si rescataron algo de su personalidad.

Cuando Diogo Alves fue arrestado, los oficiales le preguntaron si sentía remordimientos por sus crímenes, a lo que Alves contestó lo siguiente, de acuerdo a Hefty.

“Solo sentí remordimiento una vez, cuando maté a un bebé para mantenerlo en silencio.

Antes de que pudiera matarlo, me sonrió. Luego sentí remordimiento”.

-Diogo Alves.

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