Por Javiera Spröhnle
17 Marzo, 2017

Todo lo que quedaba del transatlántico en la tierra, ya no estará.

El 10 de abril del 1912, zarpaba, por primera vez desde Southampton, Inglaterra, el RMS Titanic, el trasatlántico más grande de la época, capaz de albergar a 2.223 personas. Sólo 4 días después, el Titanic chocó con un iceberg a las 23:40 horas. En el accidente murieron 1.541 personas, lo que lo convirtió en el mayor naufragio de la historia, en tiempos de paz. Fue tal la conmoción que se generó por las características del accidente, del que sólo se pudo rescatar a 710 sobrevivientes, principalmente por negligencia y malas medidas de seguridad y evacuación, que se implementaron importantes mejoras en la seguridad marítima y la creación del Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar en 1914.

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En 1997 el hecho, además, inspiró el más grande éxito del director de cine James Cameron, quien filmó la película “Titanic” que relataba una inspiradora historia de amor entre una adolescente de la alta sociedad y un chico de clase baja, a bordo del majestuoso transatlántico y su posterior hundimiento. La película ganadora de 11 Premios Oscar y 4 Globos de Oro, muestra, al comienzo, imágenes reales del Titanic hundido en el fondo del Atlántico Norte, esas son, probablemente, una de las escenas más increíbles de la película.

Pero, lamentablemente, existe la posibilidad de que los restos del Titanic, que fueron encontrados por el oceanógrafo estadounidense Robert Ballard en 1985 por accidente, no puedan ser grabados ni fotografiados nunca más. Científicos creen que, en un par de décadas o incluso en sólo 14 años más, los restos del famoso transatlántico podrían desaparecer por el efecto de una bacteria que amenaza con destruirlo completamente comiéndose el metal.

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En 1991, científicos de la universidad canadiense de Dalhousie, recogieron algunas muestras de las extrañas formaciones que colgaban del barco. Al examinarlas, notaron que había rastros de vida en ellas. Demoraron 20 años en lograr aislar la bacteria, que resultó ser una especie completamente nueva y la llamaron: Halomonas titanicae, en honor al barco.

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Como todas las bacterias, la H. Titanicae, tiene capacidad de oxidación al adherirse a la estructura, o en otras palabras, se alimenta de los restos del barco. Pero, esta, a diferencia de las otras, es capaz de sobrevivir en ambientes extremos, donde la salinidad del agua varia dramáticamente por la evaporación. Esto, la hace más fuerte, permanente y nociva.

¿Será el fin del Titanic en la tierra?

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