Por Diego Cid
23 Marzo, 2017

La naturaleza es increíble.

Mientras más cosas descubrimos del universo, más preguntas nos comenzamos a realizar. Hay una infinidad de procesos que aún nos falta comprender y se nos hace imposible reducir ese número, por eso es tan genial cuando poco a poco logramos confirmar una que otra cosa que, previo a ese momento, sólo podíamos suponer.

La cámara OSIRIS capturó imágenes del asteroide 67P/Churyumov-Gerasimenko en las que se apreciaba un particular destello blanco en su oscura superficie.

El astrónomo Maurizio Pajola decidió comparar fotografías anteriores y se dio cuenta de que antes de ese suceso había un acantilado con un corte y luego una columna de gas. Desde ahí fue lógico lo que había acontecido: el asteroide había colapsado y luego explotó.

Con esto, su núcleo compuesto de hielo quedó expuesto y pudo ser apreciado por primera vez.

OSIRIS (Sistema Remoto de Imágenes Ópticas, Espectroscópicas e Infrarrojos) es parte de la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea, que se encontraba realizando estudios en dicho asteroide con fotografías y recolección de muestras.

La composición del cometa fue previamente estudiada gracias al módulo de aterrizaje Philae de la misma sonda.

El investigador ya había presentado su propia hipótesis que vinculaba las explosiones con el colapso de los acantilados en estas rocas que cuentan con una muy baja gravedad. Ahora saben que apuntaban en la dirección correcta al ver que dicho colapso terminó por revelar el interior del cometa, un hielo prístino que tiene su origen hace más de 4.600 millones de años.

Explosión del acantilado en un cuerpo de baja gravedad / European Space Agency

De la misma forma, esto establece que la forma de los asteroides es determinada por su cercanía al sol y el calentamiento.

El núcleo helado se entibia al aproximarse cada vez más al astro. En un momento la temperatura se vuelve muy alta y genera el colapso.

Antes y después del colapso del acantilado / European Space Agency

El derrumbe luego luce como explosión, pues los restos se desprenden del cuerpo que posee una gravedad tan baja.

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