Por Alvaro Valenzuela
29 septiembre, 2015

¿Hay cosas que sabes sin saber cómo las sabes? Aquí descubre por qué

El siguiente artículo es una adaptación al español de la columna escrita por Eric Haseltine, doctorado en psicología, para el sitio Psychology Today:

Mucho de lo que sabes, no sabes cómo es que lo aprendiste. Simplemente lo sabes. Por ejemplo, si comparas las dos imágenes que verás a continuación te darás cuenta que en la de la izquierda la sonrisa es falsa mientras que en la de la derecha es verdadera. Eres capaz de notar cómo los ojos del chico, que están entrecerrados, hacen que sea una sonrisa verdadera. Sin embargo, ¿cómo sabías que esta diferencia?

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Dean Shareski/Jayel Aheram

Del mismo modo, si estuvieras sentado en un restaurante ruidoso, con los ojos cerrados y alguien caminara cerca de ti, por ejemplo, cerca de tu lado izquierdo, tu sentirías su presencia. Incluso si esa persona no hiciese ruido. Esta capacidad la tenemos de forma automática, sin necesidad de pensar: “Hmm. El ruido del restaurante en mi oreja izquierda es más tranquilo que en el oído derecho, por lo tanto, una sombra de sonido debe haber pasado por mi lado izquierdo y la fuente más probable de tal movimiento sería un ser humano caminando”.

Otro ejemplo de “saber sin saber” es la forma en que nuestro cerebro localiza sonidos. Nuevamente, si tuvieras los ojos cerrados, y alguien estuviera a punto de chasquear sus dedos sobre tu cabeza por el lado derecho, sería capaz de saber la dirección del sonido y estimar que tan lejos de ti está. Todo esto sin haberlo analizado conscientemente antes. (En caso de tengas curiosidad: tu cerebro localiza sonidos en tres dimensiones comparando el tiempo de llegada y la diferencia de volumen en tus dos orejas. Además, cuidadosamente, inspecciona la frecuencia del sonido, que cambia según la distancia de éste por las propiedades de frecuencia de filtrado de tu oído externo, cabeza y hombros).

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@ZoeMonkey

Finalmente, si conoces a dos personas del sexo opuesto que son igualmente atractivas (visualmente) es muy probable que te sientas más atraído sexualmente por una más que por la otra sin que te des cuenta que tu nariz está sintiendo químicos que se transmiten por el aire. El olor de una de esas dos personas te está indicando que es mejor material de apareamiento que la otra. (Sustancias en el olor del cuerpo traen información acerca de la genética de un individuo, que a su vez son relevantes para el estado físico de los niños que podrían producir con esa persona).

Cada uno de estos ejemplos tiene una explicación científica versus una paranormal:

Saber si una expresión facial es fingida versus una genuina, distinguir movimientos de sombras de sonido y saber la distancia de una fuente de sonido son ejemplos de fenómenos llamados “aprendizaje implícito“. A pesar de que normalmente debemos poner atención a los eventos para guardarlos en la memoria, es posible tener inconscientemente recuerdos formados por asociaciones a las que no prestamos atención de forma explícita.

Por ejemplo, normalmente vemos y oímos la fuente de un sonido pero después de hacer muchos emparejamientos de información visual (que entrega datos muy precisos sobre una ubicación) con información acústica (que entrega información menos precisa) nuestro cerebro implícitamente aprende que la frecuencia o tono de un sonido que proviene de un lugar sobre nuestra cabeza es diferente que uno que viene de abajo.

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@katokatsia

De la misma manera, sabemos que los niveles de un sonido disminuyen en un oído cuando alguien camina cerca nuestro por el otro lado. Por esta razón, el cerebro inconscientemente se entera de que las sombras de sonido se relacionan con alguien (o algo) que se mueve más allá de nosotros. Y podemos distinguir una sonrisa fingida de una real al inconscientemente recordar contextos similares en los que hayamos visto personas sonreír en el pasado. Normalmente sonreír para una foto produce sonrisas falsas, mientras que risas espontáneas, como las que tenemos al reír de un chiste, son reales.

Pero no toda la “conciencia inconsciente” es aprendida. La localización de sonidos que va de izquierda a derecha está cableado en nuestro cerebro con circuitos innatos que analizan el tiempo y la diferencia de intensidad de los sonidos escuchados en los dos oídos. Los sonidos que escuchamos a nuestra izquierda, por ejemplo, llegan primero a la oreja izquierda que a la derecha, y suenan también más fuerte en el oído izquierdo. Las respuestas corporales a las señales químicas del olor corporal probablemente también son cosas que tenemos innatas en nuestro cerebro al nacer.

Es útil tener en cuenta que estamos conscientes de las cosas, tanto aprendidas como innatas, a pesar de que no nos damos cuenta de por qué somos conscientes, porque esa conciencia puede disminuir nuestras dudas.

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@roberta_diaz

Sirviendo como psicoterapeuta voluntario durante siete años en una clínica gratuita en el sur de California, me di cuenta de que muchos pacientes habitualmente desarrollaban baja autoestima. En parte porque desconfiaban de sus propias percepciones e intuiciones, por tanto, se devaluaban. Cuando les preguntaba por qué dudaban de sí mismos, muchos decían algo así: “No tengo ninguna buena razón para creer x, y o z” porque no podían relacionar conscientemente experiencias (o percepciones a veces innatas) que dieran origen a sus sentimientos.

La conclusión es que hay razones científicamente válidas para confiar en tus sentimientos, percepciones e intuiciones, incluso cuando no puedas sentir cómo las percibes. Tienes un sexto sentido, y un séptimo y un octavo y más.

¿Qué opinas al respecto?

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