Colaboración por Tiara Gómez
Amante de la lectura, escritora a veces. Estudiante de Ingeniería Comercial. Mi sueño es dedicarme a la comunicación escrita.

Sé que desde arriba me estás cuidando.

Mi cobardía me llevó a no despedirme de ti, tal vez, por eso es que aún no asimilo que ya no estás. Que sólo te encuentras en uno de tus tantos viajes, disfrutando de tu vida, pero no veo fotos, no veo cartas. Hoy, ya soy una mujer. Pero sigo extrañando los momentos más grandiosos de mi niñez. Nunca voy a olvidar tu sonrisa cuando me veías llegar a tu casa.

Siempre malcriando a tus nietos, aún cuando tus hijos te decían que no. Las patatas fritas de media mañana y los chocolates de postre, nunca decías que no a un nieto tuyo.

Hasta ahora, me siento en el patio de tu casa e imagino que estás escuchando tu música clásica, sentado frente al computador leyendo las noticias diarias. Pero no, no estás aquí, te encuentras de viaje. En un viaje sin regreso, donde encontraste la paz que tanto buscaste. No me envías e-mails, pero se que estas mirándome. No hay fotografías, pues claro, en el cielo no hay cámaras.

¿Cómo estarás? ¿Será que en el cielo también te sientas a fumar tu pipa y sigues leyendo las novelas que te apasionan? Tú no me extrañas, pues me ves todos los días. Pero, aquí todos notan tu ausencia. En la casa, en los almuerzos familiares siempre te recordamos, contando anécdotas simpáticas que terminan en lágrimas en el rostro de la abuela. Si, 7 años y aún nos duele.

Te fuiste rápido, sin presenciar mi culminación académica, mi primer empleo, y me duele que no estés para mi boda. Te hubiera encantado conocer a mi novio, y me hubiera fascinado que mis hijos conozcan a su bisabuelo.

Sólo una cosa te pido, cuando llegue mi hora espérame en la puerta del cielo. Porque es a ti el primero a quien buscaré en ese momento.