Con todo lo que te quiero, te pido que por favor no regreses más.

A ti, que vuelves cada primavera para hacerla invierno y recordarme que el amor no existe. Quería decirte amor viejo, que no te olvidé. Que te sigo viendo con los ojos del ayer cuando hay otra persona reflejada en tu presente. Que me hiciste entender que el amor no es una moneda y desearía que tu cara estuviese estado en los 2 lados. Que me gusta más una de tus mentiras que todas las verdades de mis años. Que me mi corazón late cuando me abres la puerta, como si no supiera que es la entrada a un precipicio. 

¿Y qué importa la caída si voy de tu mano? Pero el problema es que el golpe me lo llevo yo. 

Que después de aquel beso con sabor a cigarrillo te pienso cada vez que fumo -casi todo el día-. Y cuando me preguntan por qué no lo dejo me aterra decirles que me da más miedo olvidarte que otro órgano roto.

Que te he tocado más en mis pensamientos que en mi realidad, pero esas son las caricias más puras, las que nunca existieron. Que te esperaba aun cuando sabía que volverías de su mano, pero me sentí plena al ver tu sonrisa, como si pensara que yo no la merezco, como si pensara que yo la dejé ir.

Que defectos no tienes ninguno si les restas las pecas de tu espalda, y que me ves como si supieras que te sobra todo lo que a mí me falta.

A ti quería decirte amor viejo, que tu corazón es color azul, y aun así envidio su existencia, si la comparte contigo.

A ti que vuelves cuando te da la gana quería decirte, que no regreses más.