Colaboración por Grecia Ángel Rodriguez
Siempre con los pies en la tierra y la frente en alto.

Si es así, te digo que fuiste un hombre cobarde, porque no tuviste la suficiente valentía para darme la cara.

Y dime tú, ¿quién te crees para hacerme sufrir sin resentimiento?

Dime tú, ¿qué se siente?, ¿estás contento, satisfecho?, ¿lograste lo que querías conmigo?

Una mujer que vio de ti, lo contrario de lo que eras. Una mujer que esperó de ti y terminó esperando todavía más. Una mujer que dio sin importarle qué ni quiénes. Una mujer que te llenó cuando estabas vacío. Una mujer que te entregó todo como una niña que le entrega todo a su padre.

Fuiste un hombre cobarde, porque no tuviste la suficiente valentía para darme la cara y decirme realmente lo que pasaba. ¿Por qué lo hiciste de esa manera? ¿Acaso es que no querías caminar solo mientras buscabas lo que esperabas? Nunca te esforcé a nada, nunca te pedí algo y nunca te prohibí algo. Al contrario.

A veces me culpo a mí, porque sentí desde un principio que no querías algo serio. No me gustan las cosas forzadas y así tú estabas. Desde que te conocí, nunca diste el 100 conmigo, pues desde el inicio era una opción y una distracción para ti, y aún sabiendo yo que lo era, ahí me quedé; sin que me importara, porque el que no arriesga, no gana.

Pero después, poco a poco, fuiste cambiando; pues empezaste a conocerme y te encariñaste conmigo, pero tú sabías perfectamente que no sabías hacía dónde ir. 

Sólo fui un empujón para ti, para seguir adelante en tu vida y qué bueno. Porque Dios pone a las personas en nuestros caminos para dejar huellas, no por casualidades.

Yo no sé si lo nuestro fue sólo una fantasía o una realidad, en donde lo que pasamos fue sólo en vano. No sé porque me aferro, si me inundo de dolor.

Rompiste nuestro cielo, como también mi corazón. Pero te diré algo… yo no te deseo el mal, al contrario, te deseo lo mejor porque aunque me hayas dolido, me hiciste feliz cuando te tuve. Y te deseo lo mejor. Porque lo vas a necesitar.

Me quedo con la satisfacción de haberte conocido y no haya pasado algo más. Al menos lo intenté y lo entregué todo, más no me quedo con la duda del qué habrá pasado. Ni tampoco me quedaré con la conciencia manchada.

Y así me marcho, porque en esta vida no estamos para estar esperando mi amor. La vida es muy corta para eso.

Hay que valorar lo que se tiene, porque nunca se sabe lo que es realmente hasta que lo pierdes; y eso fue lo que hiciste, no me valoraste.

Pero llegará alguien que realmente lo hará; y ese día, te darás cuenta de que nunca conocerás a alguien igual que yo. Porque yo, soy una mujer que así como me caigo, también me levanto.