Colaboración por Larissa Alvarado
Estudiante de ciencias del lenguaje. Amante de la escritura. Romántica, detallista. Amante de la naturaleza.

Hoy quiero agradecerle tantas cosas…

Siempre me cuestioné qué pensaban los otros sobre lo que existió entre nosotros dos. Ni que importara demasiado, pero le preguntaba a mis compañeros sobre ti, a mis amigos… cuando yo era la única que sabía lo que realmente sucedió. Y sé algo mejor que nadie en este mundo: Fui una cobarde.

Sí, una cobarde.

Fui una cobarde en no escuchar otras palabras que describían perfectamente lo que estaba pasando, pero yo sólo quería escuchar lo que me convenía.

Personas que escuchaban mi historia decían que era sólo un capítulo que tenía que cerrar. Sé que tenían razón, pero temía admitirlo, temía admitir que fui yo quien te alejé…

Alejé a quien de verdad comencé a querer, todo por no aceptar que alguien está destinado a amarte, aceptarte. Pero si esa aceptación no existía de mi parte, no lo podría aceptar de la tuya.

Creí que debíamos tener a alguien para que nos elogie, pero no es así. Debí empezar a hacerlo por mí misma primero y luego por alguien más, pero no lo creía, no creí en mí, tanto, que te alejé…

Creí que el escuchar otros comentarios me harían sanar este sentimiento… y no fue así.

Debo admitir que nunca fue bueno pedirte aquella oportunidad, debo aprender a dejar ir. Lo que antes era fácil para mí, lo hiciste difícil. Debo aprender a que las cosas deben fluir, que las personas llegan a nuestra vida por algún motivo, a veces se quedan, a veces se van. Pues debemos aprender algo de ellos, no siempre positivo, puede ser negativo, pero con el tiempo, tendrá sentido.

No pretendo jugar con las palabras, solo era cuestión de aceptar que ya no, que yo te lastimé y decepcioné. Pero vaya, no a todos se les puede agradar.

Tú cambiaste y yo solo quise escapar de éste sentimiento, antes de que creciera, y fue tarde. Creció, te amé y lo sigo haciendo.

Me quisiste, te alejé. Y ahora te perdí.

A veces es bueno dar una o dos oportunidades, hasta tres, pero yo no supe aceptarlo y te perdí, me perdí entre tantas inseguridades, ahora que he logrado superarlas, amarme, aceptarme, admirarme, me di cuenta que ya no estás en mi vida.

Pero aprendí que se puede dejar ir, se puede ser feliz y no depender de alguien que te hizo creer que podía formar parte de ella.

Aprendí a ser feliz con uno mismo, sin esperar que ese alguien regrese.

Debo agradecerte, me hiciste crecer emocionalmente, me hiciste amarte, mientras yo me amaba a mí misma. Gracias por demostrarme lo importante que es amarse a uno mismo.

Perdóname por alejarte, pero no creía merecer que alguien me quisiera. Y ahora sé que cada quien tiene un papel en su vida, que el tiempo tiene sentido y veo que el tuyo también.

Perdón… pero te sigo amando.