Colaboración por Don Gato
Odia todo y a todos. Vive para exigirle mimos a su dueño y para ver películas o series. Hace críticas y se cree mejor que cualquiera.

Sus seis capítulos son una obra de arte capaz de pararte cada uno de tus pelos.

Este año no habría sido nada sin las increíbles y entretenidas novelas de la escritora Margaret Atwood. Y esto porque una de las mejores series de televisión del año, ganadora de premios Emmy, “El Cuento de la Criada”, fue hecha a semejanza de una de las historias de la famosa novelista canadiense.

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Por eso es que una segunda adaptación no se oía nada de mal y Netflix (en el pick de su éxito) se hizo con los derechos del nuevo show. Esta vez era una trama completamente distinta y no decepcionó ni al más escéptico hacia el mundo televisivo.

“Alias Grace” tiene una premisa basada en una historia real: Grace Marks, una inmigrante irlandesa en Canadá, asesinó a Nancy Montgomery y Robert Kinnear en la casa de campo de este último junto a James McDermott. Ambos culpables eran criados del hogar y Nancy la ama de llaves que mantenía un amorío con el señor Kinnear.

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El problema es que Marks no recuerda nada de lo sucedido y su amnesia es un misterio para los médicos de la época. Por eso es que un comité que intenta salvarla, llama a un joven doctor para que la analice y la absuelva de la culpabilidad (Simon Jordan en el programa).

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A pesar de que esta historia ya es lo suficientemente llamativa, la verdad es que la serie de Netflix es una de las mejores que ha tenido la página streaming hasta el momento y son varias las razones que lo apoyan.

Primero, a diferencia de “El Cuento de la Criada”, la historia del libro no tiene imágenes tan llamativas, ni señores que violan a sus sirvientas para preservar la especie debido a una secta religiosa, para actuar en pantalla. Tampoco muestra demasiada sangre y ni siquiera el asesinato en sí. Sino que se trata de cómo Grace Marks vivió esas últimas horas de libertad y las cuidadosas palabras que dice para salir de la cárcel en sus análisis con los doctores.

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Y es esto lo que la hace aún mejor, porque logra captar una trama completamente narrativa, y la convierte en atrapante y brutal con solo imágenes oscuras y palabras insidiosas. Así es como te mantiene interesado, con el cuidadoso diálogo entre cada uno de los personajes. Porque el guión es lo que tiene mayor importancia para la directora Mary Harron (“I Shot Andy Warhol”).

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Y así lo hace notar con cada palabra sofisticadamente elegida pensada en un contexto, a una persona y con una música impactante de fondo. Las frases de Grace te dan escalofríos y la narración de su vida pasada antes del terrible día en el que se llevaron a cabo las muertes, te dejan los pelos de punta.

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Sin embargo, nada de esto importaría si los actores no hicieran un grandioso trabajo. Porque sus expresiones faciales, sus rostros e interpretaciones son tan increíbles como la historia misma. La protagonista en las manos de Sarah Gadon, mira a la cámara y te transmite miedo, intriga y satanismo todo de una.

La ingenuidad del doctor Jordan, la intrépida Nancy Montgomery, la juguetona Mary Withney y los demás roles secundarios, están actuados de forma que esta serie se convierte en una obra maestra. Y no, no estoy exagerando.

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Y la guinda de la torta se da al final. Porque hasta el último minuto del show, no tienes ni tendrás idea de si fue realmente Grace la culpable de los asesinatos. Y la verdad es que no necesitas saberlo, porque esa es la genialidad del programa, que nunca te dará ninguna certeza.

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Si no lo has visto, ya está disponible en Netflix. Tiene solo 6 capítulo de 45 minutos que te dejarán impresionado.