Colaboración por Nicolás Giliberti
Estudiante de teología, amante de la filosofía y futuro saxofonista. Soñador, crítico e idealista.

El dolor es inevitable pero sufrir es una opción.

¿Qué es ser afortunado? Para muchos ser afortunado es trabajar de aquello que te gusta. Ser afortunado es viajar a aquel lugar con el que soñabas. Ser afortunado es amar y ser correspondido. Ser afortunado se resume en una frase: recibir aquello que deseas. En realidad no estoy en contra de lo que la gente entiende por ser afortunado pero míralo de esta manera: ¿si no recibes lo que quieres eres desafortunado?

He vivido en prosperidad y en la miseria, he amado y sido rechazado innumerables veces, no he podido trabajar de lo que siempre había imaginado, y mi historia empieza abandonando el país en el que nací para ser rechazado por la gente en este nuevo lugar y a pesar de eso; me considero el hombre mas afortunado del mundo.

¿No tiene sentido verdad?

Déjame ponerte un ejemplo.

Una vez conocí a una chica. Era mayor que yo, una gran diferencia para la edad que tenia en aquel entonces, por lo que era imposible que acabase siendo su pareja. Ella superaba sin duda al mas perfecto ideal de la mujer de mis sueños pero aparte de la diferencia de edad, le gustaba otra persona. Cada día iba en tren a clase. Pasaba por ese lugar donde la montaña y el mar se encuentran al romper las olas sobre la costa y el sol sale por esa difusa linea que separa el cielo del agua. Era un momento mágico pero en mí no creaba nada sin embargo al verla sonreír, no podía permanecer igual. Mucho tiempo he pasado perdido a la distancia en su mirada, embelesado por su dulce voz a lo lejos, perdiéndome en sueños y fantasías que sabia que nunca se iban a cumplir. Fue uno de los mejores momentos de mi vida.

¿Por qué?

El dolor es inevitable pero sufrir es una opción y al saber desde un principio que no podía estar con ella me limité a disfrutar del privilegio de haberla conocido y pasado tiempo a su lado. Era afortunado cada vez que sentía esa hermosa sensación al verla sonreír. Cada minuto invertido perdiéndome en sus ojos y cada tarde con sus amigos del hacer de no hacer nada. Cada sensación y cada gesto me hacían sentir y esa emoción me recordaba que estaba vivo.

Ser afortunado no es recibir aquello que deseas sino tener una razón para entregar algo sin importar lo que vaya a pasar.

¿Qué valor tiene amar a alguien que te ama? ¿Tiene algún mérito entregarlo todo por alguien que ya lo ha hecho por ti?

La razón que siempre se mantiene (al ser yo creyente) es Dios y esas personas y cosas complementan el valor de mi vida. No fue hasta el día que me vi inmóvil en la camilla del Vall d’Hebrón (hospital) que reconocí el valor de cada paso que andaba.

El sentido de tu vida al fin y al cabo es vivirla. Que sea más sencillo o más complicado depende de ti, no de ella; pero si aprendes a valorar cada detalle de tu día a día empezaras a ser realmente afortunado, sin importar la situación, y feliz por valorar esas pequeñas luces que nadie podrá apagar.

Estar vivo y vivir no es precisamente lo mismo. Mientras estés vivo tienes la oportunidad de empezar a vivir, y mientras vivas siempre queda esperanza.