Pero es hora de cambiar eso que por tanto tiempo creí.

Aquí estoy con un “sólo soy decepción” sellado en el alma. Me encuentro aquí, con muchas expectativas, con esperanzas y sí, con muchas ganas. Pero también con mucha frustración… Yo, yo que pensaba que querer era poder, que bastaba unos buenos propósitos, una lista de metas claras y fijas para cumplir, que bastaba con tener una motivación diaria para levantarse a las 5 de la mañana para forjar tu futuro y para asegurar el de tu familia. Yo, que pensaba que todo era posible con un ‘SÍ’. Hoy me encuentro aquí con una visión distinta de la vida… de mi vida.

Y ¿qué será de mí? Que me va mal en lo que me gusta, que no soy la mejor en nada, no soy ni lo mejor de mí. Qué me espera a mí. Que doy el 100% pero que no se ve reflejado… sólo parece que estuviera perdiendo el tiempo jugando con flores y con cuadernos, parezco estar jugando con calculadoras y con sueños, con periódicos, con escritos, con películas, con exposiciones; parezco simplemente una niña que aún no ha descubierto el punto que necesita conocer para empezar a avanzar… Una que no conoce ni su punto débil ni su punto fuerte.

Pero es hora de colocarnos el vestido, coger el bolso, y mirar cómo si ya hubiésemos alcanzado la madurez, y no llorar, sino, suponer que fue sólo un mal parcial, que es sólo un mal día… y pretender creer que no habrá consecuencias después. Seguir escuchando música ensordecedora y calmar las lágrimas con la almohada. Llegó el segundo en que debes escucharte para ser escuchada, en que debes quererte para ser querida, y sobre todo, llegó el instante en que debes creer en ti, para que el resto también lo haga.

Sólo fue un mal segundo, dale con todo el siguiente.