Colaboración por Paloma Espiñeira
Me gusta la gente que huele a café, a tabaco y a prisas. Blog

No soporto quedarme con la intriga, no soporto perder un trocito de vida, de libertad, de sensaciones.

A veces te lo propones. Te dices a ti misma que no volverás a caer, que quieres disfrutar, que no volverás a enamorarte. Quieres estar tú con tus amigas, con la jodida libertad de no tener que dar explicaciones a nadie. Pero otras veces, te mira, te sonríe y sin quererlo, te dices que por qué no intentarlo, si al fin y al cabo el amor es lo que siempre te ha hecho libre. Empiezas a querer que te dé mimos cuando estás de resaca, que te lleve a tomar un café los domingos. Empiezas a querer compañía en este invierno en el que hace mucho frío como para no compartir unos bolsillos.

Y entonces, me enganché por no querer engancharme. Y me gustaron todos los contras que escribí en una lista porque me demostraste que podrían ser pros. Y me dejé llevar.

Me contagié de la dualidad de tu alma, de la incapacidad de descifrarla, de tu espíritu libre al que inconscientemente intenté atrapar.

Me miré en tus ojos siempre brillantes y entendí que quería avanzar, que quería sentirlo todo, que quería llegar al porqué de esa sonrisa, que en esta vida hemos venido a jugar y yo lo apuesto todo.

Aguanté en el mismo metro cuadrado que tus gatos e incluso llegué a acariciarlos porque me parecían lindos cuando siempre les había tenido fobia. Y asumí que podías librarme de todos mis miedos, algunos tan irracionales.

Quise imaginar cómo lo verías todo desde tus ojos, desde esa forma tan única. Quise quitarte la coraza, quise embarcarme en mil atardeceres.

Me enganché porque eras todo lo que no necesitaba en el momento más inoportuno. Me tentaste y lo conseguiste. Caí y me da igual seguir cayendo porque no soporto quedarme con la intriga, no soporto perder un trocito de vida, de libertad, de sensaciones.

Y es por eso, por lo que aunque siempre termine doliendo, vuelvo a enamorarme.