Colaboración por Joel Yañez
Estudiante, lector y escritor por pasión. Tengo la firme convicción de que en el silencio y el vacío de pensamientos es cuando uno puede encontrarse consigo mismo y hacer algo para lo que verdaderamente existe.

Creo que las cosas pasan porque tienen que pasar y que si todo terminó, es porque algo nuevo está por comenzar.

Fue aquel pequeño instante de nuestras vidas el que vivimos juntos un momento inolvidable que nos marcó para siempre. Ese instante de algunos días, en el que los dos sentimos que el amor tomó la forma de aquel paisaje tan bello que pudimos recorrer. Ese instante nos mantuvo unidos a la distancia, y se mantuvo vigente en nuestras charlas durante algo más de tiempo del que pasamos juntos esos días. Nos conocimos casi de “casualidad” y las palabras que sellaste aquella tarde que nos tocó despedirnos; se cumplieron tal cual: “que dure lo que tenga que durar”.

Me hice mil preguntas cuando todo parecía acabarse. Intenté por todos los medios impedir que lo nuestro terminara. Renegué de la distancia física que nos separaba y eso me llevó a la impotencia no poder decirte todo lo sentía mirándote a los ojos. Renegué de tu recuerdo que ocupaba todo el espacio que tenía en mi mente. Renegué de mi buena memoria, que se convirtió en la jueza condenadora perpetua de tu recuerdo.

Y no pude más. Y tuve que resignarme a que nunca te voy a olvidar.

Pero de tu recuerdo, me levanté para volver a creer. Creer que las cosas pasan porque tienen que pasar y que si todo terminó, es porque algo nuevo está por comenzar. Y es esa es la esperanza que hoy me mantiene vivo. La convicción de creer que todo lo bueno también tiene un principio. De creer que aunque nunca más te olvide; otra vez me voy a volver a enamorar.