Colaboración por Ana Salinas
Me gusta escribir, plasma pensamientos que nunca habías solucionado.

Mi soledad aumenta al disminuir mi número de pantalón.

No es que me haya rendido… No. La razón por la que siempre estoy enterrada en mis pensamientos es simple: me he estado protegiendo. ¿Y para qué? Se preguntarán, y estoy respondiendo con toda sinceridad cuando les digo que es simplemente para evitar llorar.

Aunque sé que está mal esconderme detrás de mi acero intacto, pues no hay huellas porque nadie ha intentado entrar, sigo haciéndolo para no aceptar mi fracaso. A veces siento que no soy de esas mujeres por las que vale la pena intentar luchar y recuerdo los hechos que he pasado, los cuales me avergüenzan y quisiera borrar, y reafirma mi concepto de que nunca nadie me podrá amar.

No… No soy la mujer más bonita. Soy difícil de querer, casi imposible de lidiar. Lloro malditamente casi todas las noches y nadie nunca lo sabrá. Durante el día espero poder llegar a mi cuarto, encerrada en soledad para poder acostarme un rato y soñar con que mi vida mejorará.

Sé que no lo hará, mi actitud no me permite avanzar.

Sí, sigo teniendo esperanza, pero a la vez es muy vana, sin embargo, yo ya he aceptado que soy una mujer por la que no vale la pena intentar luchar. ¿Triste, no? Rendirte ante ti misma. Ese sentimiento de impotencia que me ahoga, me hace imposible el poder pensar con claridad.

No… No soy la mujer fuerte que todo mundo cree. Deseo poder tener unos brazos en los cuales refugiarme y que esos sólo me busquen a mí. Deseo con toda mi alma el que alguien se enamore de mí.

Estoy consciente que la superficialidad abunda en este mundo, y hace veinte kilos pensaba que cuando los bajara tendría a los hombres a mis pies, ya ven, me he equivocado, mi soledad aumenta al disminuir mi número de pantalón.

Al menos ya no soy la amiga gorda divertida, aunque creo que nunca me quitarán aquella etiqueta. Quiero un reinicio en mi vida y no sé a donde dirigirme. Debería de unirme algún grupo fuera de mi universidad, comprarme un perro, ir a caminar. Las posibilidades son infinitas, pero mi ánimo decaído me prohíbe intentar.

No sé que me pasa, ¡nunca me había visto mejor en mi vida! Ese estado de ánimo es el que me abruma por el simple hecho de aferrarme a la imagen del hombre perfecto enamorado de mí.

Entonces intentaré estar tranquila, soy una mujer independiente con muros de acero la cual ha bajado de peso para atraer la atención masculina, pero ahora me doy cuenta que lo noten o no: yo me siento querida por mí misma.

No es una talla de pantalón la que ha decidido ser la bonita de la fiesta o tener la atracción de los hombres en el parque. Es tu actitud, mi actitud ha cambiado y cuando empiezas a cambiar y aceptarte tal y como eres… Esa es la mejor talla.