Escúchela, déjela ser libre, y por sobre todo quiérala.

¡Qué tal extraño!, Déjeme decirle que usted es muy afortunado, ha cautivado a la mujer más hermosa del mundo, una mujer simplemente bella, inteligente, carismática y singular. ¡Si! muy singular, ella es única en todo el sentido de la palabra. Déjeme explicarle mis razones de esta corta -pero profunda- carta.

Simplemente lo único que me motiva a escribir acerca de lo que un día fue, es para decirle a Ud. una de muchas cosas:

Cuide a esa mujer que hoy debe alegrar sus días, yo creo que ya a estas alturas ha conocido una parte importante de ella.

También escúchela, deje que lo motive con su voz y con todos los grandes logros que ella ha alcanzado, para que usted tal vez en algún momento también se motive a decir que crece personalmente junto a ella. Escuche lo que ella piensa y siente de alguna situación, porque al igual que ella lo escucha a usted, ella simplemente espera lo mismo de su parte.

Déjela ser libre, ella siempre ha sido y será un espíritu libre e independiente, le insisto ¡DÉJELA SER!

Quiérala, quiérala demasiado y entréguele todo su cariño, ¡créame! que no se arrepentirá.

Baile con ella porque ella adora hacerlo. En realidad yo solo lo hice pocas veces y sé que aún me falta mucha práctica para alcanzar la destreza que ella tiene para bailar.

Y si discute con ella, sea concreto con lo que quiere decir, eso si no la defraude, no le mienta y también ¡SEA PUNTUAL!.

Dele su espacio para que finalmente ud, pueda dedicarse a una última cosa durante el resto de tiempo que disfrute con ella, esa última cosa es sencilla, quiérala mucho y abrácela  todo lo que pueda dedicándole todo el tiempo que sea posible sin descuidarse a sí mismo, créame sabrá que esa mujer es invaluable.

Finalmente,

Le deseo que la haga feliz, dado que yo no pude hacerlo, razón por la cual simplemente tomamos caminos distintos y le escribo esto simplemente a Ud.