Colaboración por Elizabeth Gonzales
Sé que aún no he vivido lo suficiente, pero he tenido muchas experiencias que han ido cambiando mi perspectiva sobre el mundo, y es por eso que hoy he decidido empezar a decirle al mundo quién soy y para qué estoy aquí; ¿cómo lo haré? escribiendo. The Owl Girl

Cómo me hubiese gustado saber todo esto antes…

Escribir este artículo ha sido una de las labores más difíciles en mi experiencia como escritora neófita, principalmente porque escribir sobre mi ex es revelar una parte íntima de mí, de lo que soy ahora y de lo que viví; además es aceptar y afrontar que en los casi tres años de «relación» los malos momentos superan numerosamente a los buenos; sin embargo estoy aquí frente a mi computador, comiendo algo de chocolate para controlar mi ansiedad, para calmarme y pensar… ¿por qué lo estás haciendo? me pregunto repetidas veces en mi mente, y repetidas veces también me respondo: “porque nadie merece vivir una relación así, porque nadie debe aceptar ciertas actitudes por creer estar enamorada, porque las mujeres deberían entender que son valiosas y no deben dejar de exigir al mejor hombre para ellas, porque si cuentas tu historia podrías evitar que alguien más viva lo que tú, porque hay que ver con buena cara las cosas malas de la vida y, porque a pesar del dolor y el sufrimiento que él te causó, aprendiste mucho y hoy lo debes compartir”.

Hace más de un mes decidí escribir estas líneas, y para hacerlo fui consciente de que debía analizar y recordar todo, remover los recuerdos de mi mente y verlos desde otra perspectiva; pensé que después de un año y nueve meses de haber terminado aquella relación, había superado el dolor por completo, pero no. Al revisar viejas conversaciones, al leer cada insulto, cada palabra lanzada sin pensar por parte de ambos, cada discusión virtual que en los dos últimos años se hicieron una costumbre semanal, me di cuenta que aún dolía, que aún existían espacios vacíos, que su recuerdo aún me entristecía; y creo que eso es normal, si con tan sólo buscar una palabra en la conversación (un insulto), te aparecen más de cuarenta resultados, y descubres la infinidad de peleas que tuviste, tomas conciencia de la cantidad de noches que pasaste llorando porque el chico que amabas te trató como si no valieras nada, entonces sí, es normal que aún te duela. 

Para suerte mía no estaba sola, pude refugiarme en los brazos de ese ser que me da paz, pude sentirme vulnerable y a la vez protegida porque nunca más iba a volver a vivir esas experiencias que me dañaron, y hoy, que he podido superar todo, que he releído cada conversación sin sentir dolor, estoy aquí escribiendo lo que aprendí de ese supuesto amor.

Aprendí que uno no debe sacrificar su felicidad para complacer al otro, que las similitudes sí son importantes, que a pesar de las diferencias debe existir un punto de equilibrio, que nadie es digno de devoción, que nadie es tu dueño, al estar en una relación no te conviertes en la propiedad de alguien, nadie puede quitarte tu libertad, nadie puede robar tu espacio y convertirse en el único centro de tu vida.

Aprendí que por más amor que sientas, jamás debes dejar de lado a tus amigos, porque créeme cuando esa persona te falle, ellos estarán para darte ánimos; aprendí que nunca debes priorizar a tu pareja antes que a tu familia, pues el hogar es el lugar en donde el verdadero amor nunca falla, y si ellos no ven adecuado(a) para ti a tu novio o novia, debe existir una razón, y debemos estar prestos a escuchar su opinión; aprendí que no puedes cegarte y pasar por alto esas acciones que te lastiman, tan sólo para evitar discusiones. Entendí que por más errores que cometas no debes perder tu dignidad. Que el cariño no se mendiga, se demuestra cada día, en cada momento, y no solo cuando están a punto de perderte. Es valiente aceptar tus errores y pedir perdón, sin embargo jamás debes humillarte y rogar. Ahora entiendo que un TE AMO, no es una simple frase, es una demostración de compromiso, es un pacto de confianza, de entrega, y de ayuda mutua.

Y aunque ha sido difícil, aprendí a perdonar y a valorar. De una u otra forma debo agradecerle, porque gracias a él, sé qué clase de hombre NO quiero en mi vida, gracias a lo que viví a su lado soy la mujer que soy, y aunque jamás debí permitir que todo ese tiempo me tratase así, no me avergüenza haberlo vivido, porque son experiencias que te hacen fuerte, te hacen madurar y crecer, y lo mejor de todo te preparan para saber qué no hacer en una nueva relación. Sólo es cuestión de decisión, alejarme de él fue una decisión dura pero atinada, en el momento exacto.

Hoy sé que no necesito a nadie para tener felicidad, pero sí he decido ser feliz al lado de un hombre maravilloso, que ha cambiado mi mundo por completo.