Colaboración por Roberto Drazich
Me declaro inmensamente feliz. Me declaro un agradecido de Dios, de la vida y de la gente que me rodea. Me declaro amante de mi trabajo, de la fotografía, de la naturaleza y la libertad.

Ahí viven más de 20.000 roedores, y ¡son sagrados!

Salimos de Mendoza con fines de un gran viaje. Hace años que quería conocer la India y por sobre todo me llamaba la atención un lugar: Karni Mata, el templo de las ratas en Bikaner. Había llegado el momento. Llegamos a Delhi después de 18 horas de vuelo.

Si tuviese que definir este país en una sola palabra sería: intenso. Esa intensidad se hizo sentir de inmediato. A penas pusimos un pie afuera del aeropuerto sentimos la “bienvenida”. El ruido de los motores de los cientos de autos y motos, las bocinas, hombres en bicicletas acarreando grandes paquetes de mercadería, el calor, los aromas no tan agradables y para completar la escena; vacas, camellos y hasta elefantes que iban y venían por la misma ruta altamente transitada en la que, por supuesto, estuvimos embotellados varias horas. Este era el panorama.

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Mientras nos adentrábamos en la ciudad ya empezamos a maravillarnos con esta interminable cultura. El objetivo siempre fijo y cada vez más cerca: Karni Mata.

Pasados dos días en Delhi decimos emprender el viaje al templo en un coche que alquilamos. Manejar en la India es prácticamente imposible, entonces un local condujo por nosotros, un simpático Hindi llamado Rag, quien todas las mañanas nos buscaba por nuestro hospedaje de turno y nos iluminaba el día con su agradable “Good morning my friends” (Buenos días mis amigos). De más está decir que este viaje en coche, más allá de lo fascinante que fue, fue también uno de los locos y peligrosos de mi vida. 

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Hicimos parada en Mandawa, una pequeña ciudad para salir la próxima mañana a la ciudad de Bikaner. Conocimos allí el “Red Fort”, nombre dado al fuerte por la presencia de hierro en las rocas del lugar dándole a los muros un leve tono rojo. Dormimos en esta mágica ciudad. Karni Mata, el templo, se encuentra a 30 kilómetros del centro por lo que habíamos decidimos salir al próximo día.

Como todas las mañanas, Rag pasó por nosotros y emprendimos el viaje. En todas las rutas de la India, las vacas, camellos y mucha gente hacen que un viaje de 30 kilómetros sea una eternidad. Luego de una larga hora, por fin estábamos ahí, llegamos al famoso templo sagrado hindú. En todos los templos sagrados sólo se permite la entrada descalzos, y sin dudarlo un instante nos sacamos nuestras zapatillas y entramos. ¡Sí! entramos descalzos al templo donde moran más de 20.000 roedores y sus desechos, esperando ser pisados.

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Con un nudo en el estómago dimos el primer paso. Te transpiran las manos, se te eriza la piel e intentas desconectar los pies del resto cuerpo, cosa que se hace imposible ya que a cada minuto uno de estos pequeños animalitos se acercan para investigar cuál es tu ofrenda. Las ratas son sagradas y los lugareños las surten de comida, de leche y sacian cuanta necesidad puedan llegar a tener. Entré maravillado, asqueado y sobre todo muy nervioso, caminaba por el lugar tratando de descubrirlo. La gente les deja grandes tazones de leche donde decenas de ellas beben, hindúes les rinden plegarias y homenajes mientras los animalitos, corren, saltan y pelean por el lugar.

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En el centro del templo, se encuentra una pequeña habitación y un altar en uno de sus laterales. En él la imagen de Karni Mata, este es el sitio más importante, es un lugar donde no se permiten visitantes y solo hindúes rinden homenajes.

Cuenta la leyenda que allá por el siglo XIV, Karni Mata, una matriarca, que era reencarnación de Durga, la Diosa del poder y la victoria, le pide al Dios de la muerte, Lama, que le reviviera a unos de los niños de su clan que había muerto de forma trágica. Al negarse el pedido, esta se vengó reencarnando a sus seguidores muertos en ratas y privarlos de almas humanas, es por esto que las ratas son sagradas.

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Debo admitir que es una experiencia que no sé si repetiría, pero que es increíble tenerla al menos una vez en la vida. ¿Cómo puede ser tan abismal la brecha cultural? ¿Cómo es posible globalizar un mundo con culturas tan distintas y cuál es el efecto del mismo? La inmensidad de la India y de sus más de 1.200 millones de habitantes se ve reflejada en la interminable cultura hindú, imposible de conocer a fondo y muchos menos de entenderla.