Colaboración por Araceli Clavijo
Escribir, mi mejor forma de expresión.

Esa con la que tienes la increíble capacidad para encontrar la manera de volver el uno al otro siempre.

Alguna vez leí que en la vida conocemos a 3 tipos de amores: el primer amor, el verdadero amor y el amor de nuestra vida.

Todos recordamos a nuestro primer amor, ese que nos hizo sentir mariposas por primera vez, con quien soñamos y aprendimos de la inocencia y muchas cosas más que lo hacen tan especial. Por otro lado está el verdadero amor, el único capaz de hacernos entender que todo lo que pasamos, las lágrimas derramadas y los momentos tristes, fueron necesarios, para saber que el lugar y el momento en el que nos encontramos fue correcto para llegar a él, y simplemente nos devuelve la fe para creer en el amor y en las historias sin final. Sin embargo en ese recorrido conocemos muchas veces al amor de nuestra vida, y así sin imaginarlo ni esperarlo conocí al gran amor de mi vida.

Es la persona, que por alguna razón siempre hace que mi corazón vuelva a él, aunque nuestros destinos no lleguen a unirse como alguna vez lo soñamos en pareja, seguimos recorriendo juntos la vida. Es increíble la capacidad que tenemos para encontrar la manera de volver el uno al otro siempre, no importa qué tan enojados estemos o cuántas veces hayamos optado por bloquear todas las formas de comunicación posible que teníamos, el destino que es inexplicablemente caprichoso nos vuelve a unir, incluso nos reencuentra, mientras caminamos despreocupados por ahí, sin planificarlo…

A veces nadie lo entiende, en mi caso nunca fue la persona que mi familia o mis amigos esperaban para mí, tal vez porque nuestra relación de constantes altibajos siempre tuvo más dificultades que momentos de calma y es que ni siquiera nosotros lo podemos entender, pero esto va más allá de todo… Al final llegamos a un punto en el que el amor nos sobrepasó. Es difícil tratar de hacer una retrospectiva exacta para saber lo que pasó en realidad, después de todo estuvimos recorriendo juntos el mismo camino muchos años luchando por nuestro amor, por eso resulta tan difícil alejarse de alguien a quien amas profundamente.

Existieron momentos en el que traté de arrancarlo de mi vida, odiarlo e incluso olvidarlo, y de pronto una pequeña y extremadamente compleja pregunta inundaba mi mente: ¿cómo puedes odiar a alguien que te hizo inmensamente feliz? Alguien con quien sin querer terminé planificando una vida. Puedo ser muy soñadora pero esto es algo que simplemente no proyectas con todas tus parejas, imaginar despertar a su lado cada día, pensar en formar una familia tener hijos, envejecer juntos, definitivamente no lo haces con cualquiera… pero él lo hizo posible, es que es un chico especial… Sí que lo era y lo sigue siendo… Aún no lo entiendo, pero es el mismo destino, el mismo que me une a él una y otra vez, el que simplemente me recuerda que esa historia jamás tendrá un para siempre.

Lo conozco como quizá nadie más lo hace, pocos ven el corazón que yo puedo ver y sentir, y soy feliz por eso, es a él a quien siempre le guardo una esperanza, una ilusión, una sonrisa pero sobre todo un sentimiento, porque cambió mi vida de una forma incalculable. No hay mañana que no me despierte pensando y pidiendo a Dios que lo cuide.

Sé que pronto llegará el momento que el verdadero amor tocará a mi puerta y me dirá: “te estaba buscando y finalmente te encontré”, pronto entenderé que así debían darse las cosas, el indicado será tal como lo soñaba, a quien buscaba constantemente, entre la gente, en medio de la muchedumbre y lo cotidiano.

Pero sé también que el sentimiento por el amor de mi vida se quedará guardado dentro de mí, en un rincón del corazón para recordarlo con el cariño que merecen las grandes historias de amor. Hoy a pesar de nuestro distanciamiento solo resta decirle: “buenas noches, gracias por quedarte a mi lado siempre”.