Colaboración por Paula Larenas
Gastrónoma. Amante de las letras.

A veces, todavía podemos gozar de 15 minutos en los que ella vuelve a la vida. 

Tengo muy guardada en mi mente esa imagen en especial. Ella regaba las plantas de su jardín, sus hortensias, sus hermosas hortensias que crecían en primavera. Era un día caluroso, tenía una manguera en sus manos, no le importaba el calor que hiciese, se quedó admirando las hortensias por un largo rato. Ella amaba las flores, era una de sus debilidades, sí, digo una, porque eran muchas más las cosas que le gustaba y sabía hacer muy bien.

Era una joven llena de energía, sus manos eran mágicas. Tocaban el piano maravillosamente, al igual que la guitarra. Sus manos tejían, hacían suéteres y mucho más. Sus manos dibujaban, creaban hermosos manteles y pañitos, todos ellos dibujados y pintados con la más fina dedicación. Admirada por muchas personas, inteligente, madre de 10 hijos, con un esposo cascarrabias, pero siempre, su complemento, su compañero.

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@sandra_gajarova

Yo, la sigo observando, ya ha pasado más de media hora, el sol ha bajado; ella sigue regando sus plantas. Su cara muestra calma, ternura, emoción, paz, amor.

¿Cómo no? ¿Cómo no apreciar a una mujer tan inteligente, que un día su cerebro dijo no quiero más? ¿Cómo no querer a la persona más solidaria y buena de alma que he conocido? Sí, porque, aunque usted no lo crea, la solidaridad, buena persona, humildad y amabilidad nunca se le ha olvidado; esa es su esencia. 

Un día su cerebro fue perdiendo la capacidad de retener la memoria inmediata, al extremo de ofrecer un té a la misma persona unas 10 veces en 5 minutos. Eso fue el principio. En seguida vinieron cosas más complejas, como no recordar dónde guardaba las cosas, dónde dejaba sus cosas personales, hasta no recordar cocinar, no poder salir sola, no valerse por sí misma y ni siquiera saber que aquella casa en donde estaba, era su casa.

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@sandra_gajarova

Me asomo hacía el jardín, para estar más cerca de ella y veo que ha creado un charco de agua de tanto rato estar ahí, regando sus plantas. Me mira, no sabe con claridad quién soy, pero de alguna manera sabe que soy su familia, y me dice: «¡Mira, qué hermosas están las flores! 

Vuelve a mirarme a los ojos, con una cara de felicidad intensa, con sus ojos brillosos, para decirme que esa flor (la que tiene en su mano) es preciosa. Me dice que a ella le encantan las flores, que ella tenía muchas plantas y flores y que siempre las cuidaba mucho para que nunca se secaran. Que esa flor que tiene en la mano es de las mismas que ella tiene en su casa.

Corto el agua. Ella no quiere entrar a la casa, quería seguir admirando aquella flor. Yo, corté la flor con delicadeza y le dije que la lleváramos adentro, que la pusiéramos en un florero y que ahí se vería muy linda. Fue la única forma de entrar a la casa, donde nos esperaba como siempre su esposo, su fiel esposo y una de sus hijas con una taza de té.

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@sandra_gajarova

Ella entró sospechando de todo. «Esta no es mi casa», decía. «Yo quiero ir a la casa de mi mamá. Me iré a la casa de mi mamá, ya es tarde».

Su esposo la observa, su hija le explica que esa es su casa, que su madre murió hace varios años. Ella se queda en silencio, mira a todas partes con un poco de tristeza, de desconfianza. Pasan 3 minutos y mira a su esposo que está sentado tomando el té, se ilumina su rostro, y dice graciosamente: ¿no me iban a esperar para toma el té? Se sienta, está sonriente, reconoce a todo aquél que está ahí en ese instante, toma el té y al, ya casi acabar le dice a su esposo: ya es tarde, se nos hará tarde para irnos a casa.

Son 15 minutos de lucidez15 minutos que recuerda el mundo, 15 minutos en que quizás serán los últimos 15 minutos que nos mirará a todos con claridad, 15 minutos en que tienes que aprovechar al máximo, 15 minutos en que recordó que ella fue la mujer que hizo mil cosas maravillosas, 15 minutos en que ella resume toda su vida.