La vida definitivamente cambia.

Cuando pasas los 25 años de edad… llega una etapa de la vida en donde hacer el mayor esfuerzo genera mayores beneficios y puedes darte cuenta de ello, donde la felicidad y el amor propio son más importantes que agradar a alguien. Si te había tocado ser tímida/o, inestable y sin confianza en ti misma/o, cualquier brisa intimidante se llevaba tus ideas y valores. Pero hoy te sientes fuerte, decidida/o, inamovible y fiel a ti misma/o.

No te preocupa hacer a un lado a alguien en tu vida si esa persona no le aporta algún valor a ella, si lo único que hace es decir cosas que no construyen ni fortifican ya no te duele ni te interesa acaparar su atención y cariño… y si es necesario, se lo haces saber.

Te rodeas de personas que hacen grandes aportes a tu ideal, que edifican en tu corazón un lugar majestuoso irreemplazable, lleno de amor e interés sincero. Haces parte de tu familia personas que no son de tu sangre, porque se han preocupado más que los que realmente deberían haberlo hecho, compartes con ellos hermosos momentos de esos que jamás te olvidas y siempre quieres volverlos a revivir.

Amas pasar largas horas conversando con alguien de las cosas de la vida, del valor de ella misma, amas esas charlas que a uno le hacen sentir completo, lleno de aprendizaje y con el corazón a los saltos por adquirir sabiduría de almas abiertas al conocimiento y la experiencia. Encuentras la verdadera felicidad desde el centro de tu corazón hacia fuera, porque ahí es donde comienza el cambio.