Colaboración por Hanna Castelruiz
Me encanta escribir y me encanta hacer sentir a la gente que lee lo que escribo y sobre todo poder describir con palabras sentimientos que no se pueden expresar.   Blog

Y es que hay personas que sencillamente marcan tu vida.

A lo largo de la vida de cada persona, esta se topará con otra la cual le hará sentir millones de sensaciones, mezclándose unas con otras, acentuándose con el tiempo o parando en seco. No voy a denominarlo alma gemela, ni media naranja, ni cualquier otro nombre que se le pueda dar, sólo voy a llamarlo casualidad. Porque sí, todos nos hemos topado con una causalidad y si aún no ha pasado, pasará.

Es una bonita casualidad cargada de una nebulosa radiante y con unas ganas desmesuradas de estallar. Es un encontronazo en el que ambos corazones colisionan entre sí hasta dejar una sensación de empalagoso sabor a caramelo, que al final acaba endulzándote cada día junto a esa persona. A raíz de ese hallazgo es cuando saltar al vacío se convierte en algo común, cuando la cordura es algo a lo que ya no podemos optar, cuando sientes una chispa en el pecho al notar su caricia en tu pelo y cuando el brillo en la cuenca de tus ojos al verle entrar en la habitación es algo que ya no puedes controlar.

Hay veces que no nos damos cuenta de cómo sienta poder tenderle la mano a alguien y sentir que no la soltará nunca y que eso es algo demasiado valioso como para dejarlo escapar. Todos hemos vivido esas experiencias de un extremo o de otro, al máximo o al mínimo, queriendo o sin querer. Pero al fin y al cabo, siempre son historias que marcan. Marcan tu vida, tu forma de ser y tu día a día. Por eso te doy las gracias, por haberme hecho la persona que soy hoy, por haberme hecho llorar y aprender de ello, por haberme hecho reír y poder apreciarlo, por haberme hecho enfadar y saber rectificar, por hacerme perder el control y enamorarme de esa sensación. Por eso te digo gracias, pequeño amor infinito.