Colaboración por Kristel Alemán Balmori
Algunos me dicen Kitty. Soy una persona con un carácter un poco difícil pero muy amigable, y que siempre está dispuesta a ayudar a los demás. En mi tiempo libre me gusta leer, soy una gran admiradora de Paulo Coelho y Gabriel García Márquez.

No deberíamos mendigar el amor de nadie…

¿Les ha pasado alguna vez que conocen a alguien que les cambia la vida, se las hace más bonita, se las hace más vivible y luego simplemente se esfuma, se va, como si nunca hubiera existido? A mí sí. Y escribo esto, porque sé que no soy la primera y desgraciadamente no seré la última en esta situación, pero quiero decirles que no todo es tan malo.

Nos conocimos de la manera más extraña, nos veíamos diario, pero no estábamos interesados… hasta que lo estuvimos. Quiero decirles que no tengo ni la más mínima idea de porque salí con él la primera vez, lo que sí estoy segura es que no fue una gran decisión.

Él era todo lo que yo NO quería en la vida: sonso, desorganizado, irresponsable, inculto, y un sinfín más de defectos, ¿pero saben? Él era muy bonito. Sus ojitos se llenaban de luz cada vez que me veía, sentir sus manos con las mías era una gran sensación, no había nada que me gustara más en este mundo que verlo sonreír, el tiempo que pasábamos juntos se sentían como segundos y a pesar de que éramos polos opuestos totalmente, parecía que funcionamos juntos.

Y de repente, solo comenzó a alejarse, lentamente, sutilmente, casi intentando que yo no lo notara, hasta que se fue. Hasta que me dejó ahí parada, con lo último que me quedaba dentro expuesto, con el orgullo pisado por su decisión y con un hueco enorme en el pecho.

Ahora sólo han pasado un par de semanas y he pensado mucho en él, les prometo que lo extraño todos los días y verlo tan bien sin mí no es tarea fácil.

Sin embargo, me he dado cuenta que merezco mucho más que eso, merezco más que idas al cine y conciertos, más que pláticas en una cafetería o idas a algún club nocturno, merezco mucho más que alguien que se va cuando le pedí que se quedara. Lo que realmente merezco es una persona que sepa cosas reales sobre mí y no, no me refiero a mi cumpleaños o mi color favorito, sino cuales son mis sueños, que música escucho cuando estoy triste o feliz, que significan mis miradas, a que le tengo miedo, alguien que pase conmigo el domingo haciendo nada, pero que goce de mi presencia. Eso merezco en la vida un amor completo, porque es lo que estoy dispuesta a dar. Y también ustedes, no deberíamos mendigar el amor de nadie.

Hoy sólo le agradezco que me haya hecho sentir con esta intensidad y me ayudara a recordar lo valiosa que soy, como para esperar a alguien que no sabe si me quiere.

«Mi madre solía decir que el amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas.

–  Déjalo salir a raudales – decía-. Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra.» (Stokes, P., Rodríguez Barrena, M. and Rodríguez Palomo, I. (2012). El café de los corazones rotos. Barcelona: Ediciones B.)