Colaboración por Don Gato
Odia todo y a todos. Vive para exigirle mimos a su dueño y para ver películas o series. Hace críticas y se cree mejor que cualquiera.

¿Será todo una estrategia con Netflix para promocionar su nuevo disco?

Lady Gaga se hizo famosa por usar pedazos de carne como vestido y salir a saludar a los paparazzis luciendo como una extraterrestre, y claro, llamó la atención de todos, hasta la mía (sí, los gatos también tenemos televisión). Y por eso es que un documental sobre la artista pop más extravagante de la industria, podría ser interés para cualquiera.

Pero no es así como la ves en “Five Foot Two”, en Netflix. Porque, por primera vez en toda su carrera, Gaga se ha atreve a mostrar quién es en realidad y cambia sus looks extraños (como mínimo) por pantalones cortos y llantos. Ahora la duda es, ¿qué tan real es su más humano?

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Partamos diciendo que el director de “Banksy Does New York” , Chris Moukarbel, logra captar a la perfección los altos y bajos de Lady Gaga desde la grabación de su disco “Joanne” en 2016, hasta su actuación en el Super Bowl en 2017. Vemos a la cantante en su casa en pijama, en el bautizo de un familiar, llorando desesperada por el dolor de cuerpo que la aqueja, esquivando paparazzis y cantando en la sala de grabación. Realmente se te ponen los pelos de punta.

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Esto va de la mano de una ciudada fotografía y un ojo artístico llamativo en tonos pastel, que es el color en el que hemos visto a Gaga en sus últimas apariciones. 

Moukarbel registra el lado creativo de la artista, que se puede ver claramente con escenas como aquella en la que Gaga dice que su nuevo álbum está dedicado a su abuela y a su padre en honor a su tía fallecida Joanne.

Todo esto se contrapone a los momentos de glamour de la cantante, como la hermosa actuación de “Bad Romance” en piano para el cumpleaños número 90 de Tony Bennett.

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“Five Foot Two” es un documental que como muchos otros (no estarás frente a una obra maestra como lo fue “Amy”), pero logra a la perfección revelar lo traumática que puede llegar a ser la fama. Sin embargo, pareciera ser que el objetivo de Gaga es otro. La mujer que nació como Stefanie Germanotta y que se convirtió en Lady Gaga, estrella de tenidas extravagantes y sonidos súper pop, se cansó de su personaje y quiere salir de él.

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“Todos creen que voy a salir en un trono, con un vestido de carne, nueve hombres sin polera y unicorniosNo necesito tener un montón de pelucas para hacer una declaración”, dice en el documental. “No puedo elevarme otra vez al punto de convertirme en Lady Gaga otra vez”. Frases que pueden hacerle sentir mil cosas a cualquiera, y quizás eso es a lo que apunta la cantante, hacerte sentir.

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En un ritmo dinámico, vemos lo divertido que puede llegar a ser convertirse en una artista, en contraposición a la tortura que aquello significa. En un momento la vemos feliz grabando un video musical y en otro vemos que se entera de que a su amiga le ha vuelto el cáncer, pero debe tragarse las lágrimas y actuar alegre para presentar su disco en una reunión.

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Escenas como estas o como cuando la vemos tirada en un sillón sufriendo por su dolor de cuerpo, cumplen el cometido de mostrar un lado de Gaga vulnerable que no habíamos visto detrás de sus disfraces. Pareciera ser sincera en su intención de ser ella misma y dejar el personaje detrás como lo hizo David Bowie con Ziggy Stardust en su momento.

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Sin embargo, hay varias escenas que nos hacen pensar dos veces sobre la legitimidad de lo que nos muestra Netflix. Gaga está siempre consciente de que tiene una cámara en frente. Algunas de las conversaciones más reveladoras que tiene con sus amigos y colaboradores parecen planeadas de antemano. Como si ella o el director hubiesen dicho: en este momento le van a preguntar del tema de Madonna porque es algo de lo que tenemos que hablar en el documental. Y es que la carrera de Gaga tuvo un descenso luego de su abrupta llegada a la fama.

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Y claro, este documental sin duda le dará visibilidad al nuevo álbum de la cantante, pero ¿el hecho de que sea publicidad obscurece las intenciones de Gaga por dejar el personaje detrás y mostrarse ante el mundo como ella misma? ¿puede que todo esto sea falso? (yo ya no sé, estoy confundido, pero los colores eran bonitos).

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Seamos realistas, el público ama las caras bonitas y a los personajes extravagantes, ¿nos hubiésemos fijado en ella si no hubiese llegado en zancos? Probablemente no, porque no luce como Britney Spears en los 90′  ni canta como Adele. Y poco le importa a la gente si alguien tiene algo que decir, si la forma de decirla no es llamativa. Porque la cultura pop del siglo XIX se ha convertido en esto, puro show.

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No se puede negar que el documental termina siendo un poco “maqueteado”, pero quizás esa era la única forma de desententenderse de un personaje tan gigante y magnético como el de Lady Gaga.

Seas o no fanático de Gaga, vale la pena verlo. Por lo menos para comenzar a amarla o empezar a odiarla.