Colaboración por Dulce González
Orgullosamente mexicana, soñadora, con ganas de comerme el mundo y no irme de él sin haber amado lo suficiente .

No hay que encontrar lo idílico, sino a alguien tan loco como tú para compartir la felicidad que has construido mientras esperabas a que llegara.

¿En verdad es tan malo estar solos? Retumba en mi cabeza la voz de mi madre diciéndome: ‘ni se te ocurra quedarte soltera’, o el típico ‘¿por qué no te consigues un novio?’ de tus tíos en las visitas familiares… Y no sé, digo, no me molesta para nada la idea de tener que quedarme dormida escuchando los infomerciales de la televisión, o despertar toda mi vida a lado de mi almohada y abrazando mi cobijita calientita. A fin de cuentas, no le hago daño a nadie, ¿no?

En estos días he estado pensando y me he dado cuenta de que lo que en realidad pasa conmigo es que me asusta la idea de tener que vivir el resto de vida a lado de una persona, alguien capaz de soportarme en mis malos ratos y hasta cuando se me queme el arroz por estar viendo tutoriales en YouTube… Realmente no sé si me aterran más esos besos matutinos acompañados del desayuno en la cama, o el simple hecho de sentir que alguien realmente quiera compartir sus días, sus sueños, sus fallas, sus debilidades y todos esos momentos irrepetibles de la vida, conmigo. 

Estoy tan acostumbrada a que las personas se vayan de mi vida cuando creen que han cumplido su ‘misión’, que me resulta un tanto incomprensible eso de que de verdad exista un ser en este mundo que está hecho para mí, ese que me quiera aunque esté totalmente llena de defectos. ¿En serio? ¿Eso es posible?

Soy una de esas personas que cuando ve a una pareja de viejitos enamorados, tomándose de la mano y sonriendo mientras se miran fijamente, quiere salir corriendo para llenarlos de besitos y abrazarlos muy fuerte hasta que pueda impregnarme de su fórmula del amor… para que cuando llegue el día en el que conozca a mi otro yo, este quiera estar siempre conmigo así como en las películas en las que el amor eterno se jura desde la primera escena.

Aún no he logrado descifrar esa tan misteriosa formula del amor, y a decir verdad, no estoy muy segura de que ya la hayan inventado, en realidad dudo que algún día llegue a existir. En el mundo actual estamos tan inmersos en una sociedad que sólo busca avanzar y avanzar y avanzar, que se han olvidado del verdadero significado de la vida… El amor. Lo hemos dejado a lado, tal cual hizo Andy con Woody en esa película de Disney que tanto nos hace llorar.

Me incluyo en esta idea de buscar la ‘felicidad’ en una falsa perfección… esa imagen que tenemos del hombre o mujer perfecto que satisfaga todas nuestras necesidades, porque eso es lo que en realidad buscamos, ser felices nosotros, yo, yo, yo. Exigimos como si nosotros fuéramos el anillo más reciente  de Tiffany’s CO. y miles de personas ofertaran por tenernos.

Mis padres y mis amigos dicen que debería de dejar de buscar al hombre ‘perfecto’ y de buscarle defectos a todo aquel que se me acerca. Y sí, finalmente, me he dado cuenta de que digo que quiero a alguien que me mire con amor pero no me permito levantar la mirada para así, poder abrir los ojos a cada uno de esos detalles que me regala la vida para disfrutarla más. Mi búsqueda del príncipe azul, debe terminar ¡YA!

En la vida, no hay cuentos de hadas, ni finales felices, y tal vez no encuentre a alguien que no pueda evitar morderse la uñas ni hacer ese sonido que tanto me molesta cuando arrastran los pies al caminar… Pero estoy segura de que en algún lugar del mundo, existe alguien capaz de enamorarme con cada uno de sus lunares y sus cejas despeinadas.

El punto está en encontrar la belleza en la imperfección. Al fin y al cabo, nadie vino a esta vida con instructivo. Así que, ¿para qué sufrir? Si existe alguien capaz de hacerte sentir en las nubes, llegará cuando tenga que llegar, y mientras eso sucede debemos darnos cuenta de que la verdadera formula del amor se encuentra definitivamente en nosotros mismos, y asimilar que nadie, naaaaaaadie nunca encajará en el marco que tú misma creaste, porque el amor no se encuentra a la vuelta de la esquina, el amor tan sólo llega y se construye. La clave está en arriesgarse a mezclar todas esas imperfecciones, sueños frustrados y corazones lastimados para así, al final, con la persona indicada y en el momento correcto, encontrarnos con un resultado casi tan maravilloso como el de esa caricatura en la que todo comenzó con azúcar, flores y muchos colores…

Y cuando eso suceda, podrás darte cuenta de que estar enamorado es algo extraño. Tus pensamientos van constantemente hacia la otra persona, no importa qué estés haciendo. Puedes estar sacando un vaso o cepillándote los dientes o escuchando a alguien contar una historia, y tu mente empezara a desviarse hacia su cara, su pelo, la forma en que huele, preguntándote que ropa tendrá puesta y que te dirá la próxima vez que te vea. Y además del estado constante de ensueño en el que estás, tu estómago se siente como atado a una soga de bungee, y rebota y rebota durante horas hasta que finalmente se aloja pegado a tu corazón. El truco está en encontrar a alguien tan loco como tú para compartir la felicidad que has construido mientras esperabas a que llegara.