Colaboración por Rocío Tizon
Soy una viajera observadora, comprometida y solidaria que cree en el viaje como método de aprendizaje, como una de las mejores formas de establecer relaciones humanas, incluso como terapia y como modo de vida. Blog

Sí, todavía existen.

Hoy tenía que estar en una boda… Hay una costumbre en mi familia que se ha ido repitiendo a lo largo del tiempo y que consiste en celebrar en la distancia. Por parte de padre mi familia ha sido siempre emigrante y viajera, así que cuando andaban por el mundo desperdigados y había alguna celebración familiar, cada uno lo festejaba desde donde estuviera con un brindis.

Contaba mi tía Celia que cuando mis padres se casaron y ella no pudo asistir a la boda, se sirvió una copa de licor que guardaba para la ocasión en su casa de Buenos Aires y brindó por los novios, y así se viene haciendo en mi familia desde entonces. Mi padre se ha tomado ya unas cuantas copas para celebrar bodas, comuniones o bautizos… y es que lo importante, ¡es celebrar!

Para él ha llegado a ser normal; incluso cuenta que una vez fue a una boda donde no había novios porque se estaban casando a miles de kilómetros; en Caracas, Venezuela.  Sus padres y hermanos habían decidido celebrar la boda en casa, sin novios pero a lo grande y allá acudió todo el pueblo… Lo mejor es que ni siquiera había que llevar regalo.

Hoy soy yo la que está viviendo algo así… Un amigo mío se está casando a 12.505,3 kilómetros de distancia y no he podido ir. Aunque le había prometido ir a su boda, las cosas se han ido complicando y no he podido cumplir mi promesa.

Hace dos años, cuando conocí a Virat, me dijo que estaba enamorado y que quería casarse con su novia, ella se llamaba Salma, me quedé con el nombre porque me encantó. Hace tan sólo unos meses, Virat me envió un email para invitarme a su boda en Udaipur… ¡Me hizo tanta ilusión! Me muero de ganas de ir a una boda india. La verdad es que me encantan las bodas y nunca he estado en una BODA INDIA.

Como en casi cualquier país del mundo; las bodas son una fiesta importante, una manifestación de la cultura y las tradiciones, y las bodas indias tienen fama de ser espectaculares. Quería asistir y disfrutarla a lo grande. Todavía en ese momento pensaba en la lejana posibilidad de ir, pero con el tiempo y un montón de inconvenientes, la idea se fue disipando.

Hace sólo unos días volví a hablar con Virat que me preguntaba si finalmente podría asistir a su boda. Tuve que decirle que no y de paso charlamos un rato. Le pregunté si se casaba con Salma, porque ya empezaba a tener sospechas… y me respondió que no, más que decirme un no, lo que me dijo exactamente fue un «Dios Mío» (Le extranó que recordara el nombre de su novia), no sé porqué me lo imaginaba… es difícil ir contra tradiciones tan arraigadas.

Hablamos sobre su prometida y sólo me dijo que era una persona reservada, que no hablaba mucho y que nunca había salido de Rajasthan… Daba la impresión de que eso no le emocionaba demasiado; le pregunté si estaba enamorado o nervioso y me respondió que estaba nervioso.

Soy curiosa, pero no suelo ser preguntona; soy de las que piensa que si de verdad quieres que te cuenten algo, nunca debes de ser tú quien preguntes… Funciona mejor contar y dejar que te cuenten. Él quiso cambiar de tema y me preguntó que qué pasaba conmigo, que si yo no pensaba casarme… ¡En fin! ¡Tampoco es que figure en mis planes! Entonces me dijo… «Yo tampoco me hubiera casado, lo hago por la felicidad de mi padre».

Ante respuestas así, te quedas sin argumentos.

«Estoy segura de que tu padre quiere lo mejor para ti».

Y ahora mismo, voy a servirme esa copita de licor café a la salud de los novios…

¡Felicidades Virat! ¡Y que vivan los novios!