Colaboración por Sandra Marín
Sigo, sigo caminando, volando y explorando. Porque me falta camino y me sobran maletas. Blog

Esa es la causa de que decenas de miles de amores se hayan quedado tan sólo en eso, en oportunidades. Y no en sueños hechos realidad.

Mi vida me hace perder el sueño cada noche, durante todas las noches de mi vida. Tengo una caja de madera, fina, limpia, pura, sin llenar aún. Y la verdad, no tengo ni la más remota idea de con qué la voy a llenar, pero el sólo pensamiento de tener una meta, un objetivo, el hecho de tener que llenarla ya es suficiente para mí.

Un día te levantas sin saber que vas a conocer a alguien increíble. Haces lo que siempre haces, desayunas, te vistes, sales de casa aun pensando en lo que te deparará el día, en las cosas que tienes que hacer al llegar a casa, aquello que ayer recordaste que tendrás que recordarle luego a ese alguien… Cosas que ocupan tu cabeza durante los 15 primeros minutos de cada día, durante el trayecto de casa al metro, de casa al trabajo, de casa al mercado… Y parecen minutos muy importantes para ponerse en marcha, para organizar el día; pero en realidad no valen nada, porque no importa como tú quieras organizar el día. El día acaba siendo algo muy diferente a lo que habías planeado. A veces te sorprende para bien, otras veces te decepciona, otras encaja bien en tus planes… Sin duda, nunca es exactamente como tú habías previsto. Y hasta que no llegas a casa por la noche y haces el recopilatorio de todo lo que has vivido durante esas 13 o 14 horas, no te das cuenta de lo muy equivocada que te habías levantado.

El mundo es un lugar muy pequeño, que en ocasiones se convierte en algo demasiado grande. Y digo demasiado porque queda fuera de nuestro alcance. Cuando parece que has conectado de verdad con alguien, cuando te parece que es una buena oportunidad para hacer algo diferente, para crear algo grande, entonces llega el mundo y te aparta de ello, o hace que ello se aparte de ti. Y en ese instante tan sólo depende de ti ir tras ello o dejar que la distancia se interponga. Es cuando debes decidir si perseguirlo hoy, si perseguirlo en otra época de tu vida o si simplemente prefieres dejarlo marchar. Y a veces, incluso aunque tú no quieras dejarlo marchar, debes dejarlo marchar. Y no hay nada peor como querer de corazón algo, pero tener, deber dejar de pensar en ello. Abandonar la idea, dejar que el río siga su corriente, dejarlo fluir sin que fluya contigo. Pero sabes, llegará ese momento, llegará el fin; pero no será el fin. Porque habrá más oportunidades, y las verás. En tu mano estará dejarlas pasar de nuevo.

Adoro a esas personas que lo persiguen, que saben cómo arreglarlo para poder ir tras él. Que abandonan lo que sea, por no abandonar lo que realmente quieren. Pero al fin y al cabo ¿no sigue siendo abandonar? Simplemente, dejan atrás la realidad para volar tras el sueño. Y si el sueño se deja alcanzar, entonces esas personas alcanzan también la felicidad.     

Sin embargo no todo el mundo tiene esa capacidad. Y los que no lo hacen, se lamentan, imaginan cómo habría sido el momento, pero no se atreven a hacerlo realidad. ¿Acaso no quieren la felicidad final? ¿O acaso les da miedo que el sueño no se deja alcanzar y tengan que volver a la realidad que habían abandonado? El hecho de que todo siga igual, pero por un momento tú hayas querido renunciar a esa vida, ¿te hace merecerla menos, te hace sentir culpable por no querer lo que tenías aun sabiendo que otros tienen menos? Creo que ese es el único freno que tienen los que no se lanzan a por ello. Y ese freno es el mayor de los errores que podemos cometer. Es la causa de que miles de personas no hayan ido tras esa persona que les ha enamorado tan solo con la mirada, con un beso, con una noche, con una semana, con un silencio. La causa de que decenas de miles de oportunidades se hayan quedado tan solo en eso, en oportunidades. Y no en sueños hechos realidad.

El qué dirán. Cuánto daño está causando, cuánto ha causado y cuánto causará.

No podemos limitarnos a hacer lo que nos viene en gana, por la simple razón de qué nos hace sentir bien, felices. No hablo de dañar a nadie, ni herir, ni imponer nuestra voluntad. Hablo de gritar de alegría en medio de una calle, de bailar en un restaurante, de invitar a una copa a alguien, de decir te quiero sin saber la respuesta del otro, de llorar delante de otras personas, de decir lo que sentimos a quién queremos decírselo, y sin embargo lo guardamos para nosotros esperando el momento. ¿Qué momento? ¿Y si es demasiado tarde?

A veces esperamos demasiado y acabamos por demostrar nuestros sentimiento tarde, deprisa y sin pensarlo, diciendo lo que queríamos pero sin que fuese como queríamos. Y es que cuando notamos que se nos escapa el tiempo es cuando actuamos, cuando nos dejamos llevar, cuando sacamos a relucir lo que sentimos. Pero no somos capaces de hacerlo antes, de prever esa situación extrema y de hacerlo bien y a tiempo. Incluso, llegamos a dejar pasar la oportunidad como si nada. Y más tarde algo que sólo habríamos tardado tres minutos en decir nos persigue durante semanas.

Y es que la gente opina sobre aquellos que actúan siguiendo al corazón, y a veces incluso los critica, pero envidia el final. Envidia la sensación de satisfacción que se observa en la cara del que ha perseguido el sueño. Envidia la valentía, el coraje, la pasión y por ello esconde esa envidia con palabras diferentes, que no expresan la admiración sino la desaprobación. Y por esas palabras algunos no se atreven a saltar al vacío sin paracaídas.

Pero un día te despiertas, y conoces a esa persona que se tira al vacío por ti, y entonces te haces valiente y también saltas. Porque parece que si saltas con alguien el golpe no será tan duro al caer, si caes. ¿Pero de dónde saca el coraje el que da el primer paso? ¿Cómo podría estar seguro de que tú saltarías con él o ella? ¿Lo notaba en tu cara, en tu manera de ser? Eso es un misterio sin resolver, pero que todos agradecemos. Esa fuerza que sale de la nada, esa fuerza que a veces tienes tú y que otras veces notas en los demás. Gracias por los que un día sacaron esa valentía y empujaron a que otros sacaran la suya. Sin duda fue algo que ambos recordarán.