Colaboración por Lorena Romo
Escribo cuando el corazón se me sale por la yema de los dedos. Supongo que soy una sensible, pero el mundo está para sentirlo. Blog

Para qué quiero tener un amor de película, si un amor real es mucho mejor.

Yo siempre había tenido deseos de construir mi propia vida. Con un montón de sueños, de ideales, de ganas, de motivación. Cosas de adolescente, o quizá no tanto. Siempre había tenido ese carácter soñador, que no se conforma con poca cosa, que siempre quiere más. Que llora con aquello que le hace inmensamente feliz, y que se enfada cuando las cosas no salen bien.

Por otro lado, siempre había sido una persona pesimista. Sobre todo en el amor. Miente aquel que dice que nunca ha soñado con su pareja perfecta, con un amor de verano, con ese sentimiento extraordinario, con esas miradas de película… Quizá es culpa de eso, de las películas, pero aún así es inevitable fantasear con eso al menos alguna vez a lo largo de tus años dulces.

Pero siempre pensarás que eso no son más que sueños. La mayoría de las veces. El amor es algo tan difícil de perseguir…

Luego están esos otros sueños, los de convertirte en un gran profesional, en un viajero incansable, en un cocinero reconocido o en un periodista incallable. Esos son más fáciles de perseguir. Porque son factibles, porque puedes ganártelos sin depender de nadie más que de ti mismo. Y no es fácil, pero siempre tendrás esa voluntad dentro de ti. Aunque se apague a veces.

Pero, entonces, llega un día en el que esos sueños que pensabas que eran irrealizables, inalcanzables, se hacen realidad. Aparece ese alguien que le da la vuelta a tu puto mundo. Ya no se trata de fantasías. Ahora es tu realidad. Y, en ese momento, todo lo que pensabas que eran tus sueños, empiezan a cambiar.

Al principio vas con pies de plomo, no quieres confiar demasiado. Tienes miedo. Es normal, es algo extraordinario. Y las cosas extraordinarias son eso, cosas fuera de lo corriente. No sabes cuánto durará. No sabes si las películas son verdad. No sabes si eso que sientes durará eternamente… Pero te enamoras.

Y te vuelves loca, y tu corazón se da de sí. Amas todo y a todo el mundo. La vida te parece algo increíble, y corroboras que el destino existe. Y te crees con poder para conseguir cualquier cosa. Porque lo más difícil, lo que estaba más lejos de tu mano, ya lo tienes contigo. Dándote la suya.

Y es a medida que van pasando los meses, semanas, días, horas a su lado, empiezas a cambiar de voluntades. Ya no se trata solo de ti. Ya no se trata solo de lo que tú sientas, de lo que tú quieras. Ya no se trata solo de tus sueños. Porque ya no eres solo tú. Ahora tú también eres él, o ella. Y no se trata de una relación asfixiante, que no te deje desear más cosas. Al contrario, sigues soñando. Incluso con más fuerza. Pero quizá aquellos sueños que tenías antes ya no tienen el mismo peso.

Ahora sabes lo que es amar. Más allá de ese sentimiento de fuerza imbatible en tu corazón, de ese mariposeo, o de ese quemazón en las entrañas. Ahora sabes lo que significa el amor. Y no te importa; no importa renunciar a cosas, no importa cambiar de sueños si no se pueden cumplir todos. Porque tu mayor ambición ya está cumplida. Y algo tan poderoso como eso, es suficiente para cambiar de planes sin pensar “esta no es la vida que yo había imaginado”. Porque es mucho más que eso.