Colaboración por Don Gato
Odia todo y a todos. Vive para exigirle mimos a su dueño y para ver películas o series. Hace críticas y se cree mejor que cualquiera.

Alerta de spoiler y pañuelos con moco por doquier.

“Orange is the New Black” volvió a nuestras vidas después de dejarnos con el corazón partido en mil pedazos (sí, tengo corazón aunque no lo crean) cuando nos mostró la muerte de Poussey a manos de un guardia inexperto, incapaz siquiera de asumir las responsabilidades por sus actos. Esperamos y esperamos una resolución al final más dramático de la serie y por fin llegó.

Después de haberme encerrado un fin de semana entero a ver los 13 capítulos de la quinta temporada (solo maullaba para recibir comida de mi humano), he llegado a un veredicto fidedigno de esta entrega: es lejos la mejor que he visto del show.

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Empecemos con lo obvio, ya que cuando le ponemos play al primer episodio, sentimos que estamos viendo esa película (“El Experimento” para ti, poco culto ser humano) en la que los prisioneros se hacen dueños de la cárcel como producto de un experimento social. Las presas de Litchfield comienzan una toma que solo puede tener un final trágico, el problema es que no sabemos para quién.

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Los rincones más oscuros de las protagonistas se oscurecen aún más y lo que pensaste que no podía ser peor, se va literalmente a la mierda. El sistema corrompe a todas y cada una de ellas, las traiciones van de un lado a otro, los asesinatos ya no provocan dolor y la muerte de Poussey es el fantasma que Taystee nunca superará.

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Sin embargo, lo que hay que destacar de esta entrega es la importancia del nuevo protagonista. Ya no es Piper la que nos importa, sino que la injusticia en un sistema carcelario que no se preocupa por la humanidad de sus prisioneras, y que aunque lo muestren a todo el mundo, la indiferencia sigue siendo la misma.

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Litchfield intenta luchar contra la cabeza de una institución a quién no le interesa en lo más mínimo el bienestar de ellas. Y la sociedad a la que querrán llegar para denunciar su situación, no les ayudará en nada. En pocas palabras: OITNB cambió de voz.

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La comedia dramática con la que empezó se vio en la necesidad de cambiar de rumbo para no morir en el camino. Y porque tengo la autoridad para decirlo (ya que admitamos que los gatos vamos a dominar el mundo algún día): es el mejor giro que podrían haber pensado. Llorarás, reirás y mirarás con ternura muchas escenas, tal cual lo hiciste con las demás temporadas, pero esta vez el trasfondo no te dejará indiferente.

¿Ya la viste? ¡Qué esperas maldito ser humano!