Colaboración por Tiara Gómez
Amante de la lectura, escritora a veces. Estudiante de Ingeniería Comercial. Mi sueño es dedicarme a la comunicación escrita.

Retrata exactamente lo que siente alguien cuando ya es demasiado tarde.

Hoy ya no estoy. Veo a personas llorando por mí, y otras indiferentes a lo que me sucedió. Cada pastilla ingerida representaba cada dolor que me producían. Hoy ya no estoy, y muchos están arrepentidos, por cada vez que fui lastimado, por cada vez que fui humillado y nunca defendido. Por cada vez que te grité pidiendo ayuda, y nunca me ayudaste.

¿Hoy se arrepienten? ¿Qué ganan con eso hoy, que ya no me encuentro aquí?

Mi madre llora desconsolada, no quería provocarle tanto dolor, pero yo no quería seguir sufriendo. Tal vez no se dio cuenta de las señales que le daba, tal vez nunca miró mis heridas o quizás nunca leyó las amenazas que me enviaban.

Me sentí solo, sin nadie en quien apoyarme cuando apenas caminaba por los golpes que me daban.

¿Hoy lloran mi ausencia? Qué raro, ya que siempre los veía reir cuando yo era humillado, y no se reían conmigo, sino de mí.

¿Cómo se sentirá el compañero al que envié un mensaje y lo ignoró? ¿Qué pensará la chica que me gustaba cuando no me vió?

Mi mamá, ¿qué sentirá mi mamá sabiendo que ese golpe no fue un tropezón?

¿Y mis agresores? Ellos están asustados, pero lograron su objetivo. Retumban en mi cabeza las palabras que me decían, cuánto me pidieron que me muriera. Pero estoy mejor aquí, las nubes no golpean y los ángeles me abrazan.