Colaboración por Natalia Ortiz
Escritora y guionista. Alma vieja. Hija del miedo y amante de los mismos. Se escuchan historias sin ningún costo.

O me quieres completa, o no me quieras, porque de seguro hay alguien por ahí esperando conocer todas mis imperfecciones.

Si algo he aprendido en los últimos meses, es que no sólo se debe agradecer por las “buenas” acciones y castigar por las “malas”. Muchas veces, hacer todo lo contrario es lo mejor. Por eso no voy a agradecerte –otra vez- por todas las cosas “buenas” que hayas hecho, haces y seguramente, harás por mí. Quiero agradecerte por todo lo “malo”.

Gracias por no estar presente en mi cumpleaños. Gracias por cancelarme a última hora. Gracias por enojarte cuando decía que no; no quiero, no puedo. Gracias por no aceptar mi estado de salud, por no entender que me enfermo. Gracias por enojarte conmigo si yo estaba molesta. Gracias por no entender mis estados de ánimo, que me enojo, que me alegro por cosas simples, que a veces no siento nada, que me gusta ayudar a los demás. Gracias por esa vez que intentaste hacerme sentir mal por mi muy aparente inocencia. Gracias por preguntarme qué me pasaba cuando ya todo me había pasado. Gracias por no entender que yo también me equivoco, que no soy perfecta, ni tengo un cuerpo glorioso. Gracias por no entender que tengo mis caprichos y que, probablemente, tendré más. Gracias por no comprender que soy capaz de llorar hasta despidiendo un avión de carga. Gracias por reprocharme siempre nunca poder decirte las cosas de frente, sino por escrito. Gracias por siempre decirme que tenía que dejar todos mis miedos porque eso no era bueno. Gracias por no entender que me confundo, que me distraigo, que entro en pánico y me enredo a la hora de hablar en público, porque no se explicarme muy bien.

Gracias por nunca aceptar mis defectos, porque eso me hizo ver qué tan valiosos son.

Uno de tus defectos es no aceptar los míos, y aun así yo te acepté, porque sé que nadie es perfecto, porque sé que todos tenemos demonios y eso nos hace humanos.

Puede que nunca llegues a aceptar las cosas como son. Pero yo ya no voy a luchar con eso. Si te gusta como soy, está bien, pero debes entender que soy el paquete completo. Si no te gusta, también está bien, pero te tardarás toda una vida buscando a una persona perfecta.

Tal vez haya alguien por ahí, en algún lugar, esperando la oportunidad de conocer y compartir conmigo mis muchísimos defectos. O tal vez no, pero no importa, porque, total, yo sí acepto mis defectos y los quiero, tanto como puedo aprender a aceptar y querer los de alguien más.