Ojalá volvieras…

Ha pasado poco tiempo desde que te fuiste y mi dolor sigue ahí, sin moverse, como si fuera una montaña. No cesa ni disminuye, sólo está ahí. Como me sobre vida y tiempo, hoy he decidido escribirte desde el fondo de mi corazón, para contarte lo que siento de una vez por todas.

Yo sólo quería contarte que dejé mi trabajo porque el nudo en la garganta no me permite decir palabra y porque se me encoge el corazón cada vez que me preguntan cómo he llevado tu pérdida.

No he podido levantarme de la cama, aún tengo la esperanza de encontrarte ahí al darme la vuelta.

No quiero comer, y mi familia no entiende que siento asco y odio porque tú te fuiste y yo tuve que quedarme aquí, con una pena tan grande que me cierra el estómago y me nubla la vista al caminar.

Quiero que sepas que aún me brinca el corazón cuando escucho la puerta, pero no eres tú, ya nunca volverás a ser tú.

A nadie pude explicarle lo feliz que era a tu lado porque siempre fue tanto que nunca encontré las palabras para definirlo, pero sé que ahora lo entienden, ahora que lloro dormida y despierta, ahora que no tengo ni la fuerza para sostener un vaso, ahora que me miro en el espejo y no reconozco a la persona que se encuentra ahí en mi lugar.

Quisiera decirte que los ojos que tanto amabas están hundidos en la tristeza, rodeados de un color negro profundo al igual que yo.

Desearía poder contarte que me encuentro bien, y que voy a salir de ésta, pero el dolor me envenena por dentro y me hace gritar tan fuerte que he perdido toda esperanza. Me estoy hundiendo.

Ojalá volvieras…