Colaboración por Carola Toledo
Amante de la moda, indagadora de la información, creativa hasta por los poros, adicta al mundo y estudiante de Licenciatura en Comunicación y Mercadotecnia.

Por lo menos no por ahora.

Hace un mes cumplí 6 años de noviazgo con un hombre maravilloso, quien me hace tremendamente feliz. Como muchas parejas que llevan cierto “tiempo” juntas, podríamos estar buscando el lugar perfecto para dar el sí frente a las personas que más amamos. Yo podría estar hojeando los catálogos de vestidos de boda, para elegir el que me haga sentir como una princesa por un día. Podría estar imaginando el ritmo de las palpitaciones de mi corazón al escuchar su voz con la palabra acepto, pero no lo estoy haciendo.

No tengo miedo al compromiso y nunca lo he tenido. ¿Entonces por qué no puedo visualizar el día que como seres humanos tanto esperamos? La vida nos sorprende en cada segundo, tanto positivamente como negativamente, y quisiera poder estar un día parada a tu lado en una iglesia, jurando amarte toda la vida, pero no puedo hacerlo.

Quizá mañana sí, quizá llegue ese día y sonriamos juntos dándonos la mano o quizá no. ¿Qué sucedería si mañana mi vida terminara? Mi promesa se rompería. ¿Qué pasaría si encuentras a otra persona quien pueda amarte incluso más que yo? Ese juramento se esfumaría.

Las historias no se repiten y se van escribiendo con el paso del tiempo. Así como Cenicienta no esperaba casarse con el príncipe azul y vivir en un castillo a su lado, mi madre nunca imaginó un día devolver a un ex novio suyo un anillo de compromiso y hoy después de 26 años es feliz con otro hombre, quien es mi padre y juntos tienen tres hijos.

No puedo depositar mi felicidad en que ese día llegue, pero puedo jurar que HOY te voy a amar más que ayer, que hoy doy todo por abrazarte y no soltarte. Hoy te agradezco por las sonrisas que sacas en mi rostro, por el apoyo que me brindas. Hoy puedo agradecerte por amarme, cuidarme como lo has hecho y quiero seguir disfrutando cada segundo a tu lado, para descubrir las sorpresas que trae el futuro.

Decida o no casarme algún día, seguiré siendo la misma mujer feliz que se despierta cada mañana.