Colaboración por Rocío Rivera
No tengo problemas en decir que tengo una facilidad especial para enamorarme... y que me rompan el corazón. ¡Pero no siempre es malo! Aprendo y me divierto con ello.

Porque no confío en los príncipes encantadores, sino en los dragones, en los lobos y en los gnomos, que a final de cuentas siempre acaban dando gratas sorpresas.

Ni bestias, ni lámparas, ni sapos, ni manzanas envenenadas, ni hadas, ni castillos… Bueno, bueno, bueno, tal vez castillos sí. Una que otra vez armo castillos en el aire, o en la arena, depende del terreno… pero el punto es que desde pequeña me extrañaba que quisieran cargar mi bolsa, si no estaba pesada, que me dijeran que no podía si tantas veces lo había hecho. Incluso me molestaba cuando me decían que no me comportaba como una niña «normal».

Pues al parecer el no ser normal de chica, me hizo fuerte de grande. Fuerte, independiente y segura del suelo donde piso. Hoy que crecí, que soy fuerte, que no quiero ser lo que todos, me doy cuenta de que me siguen viendo como bicho raro. Porque sueño, sueño alto, sueño fuerte, sueño imposible. Y a decir verdad, siempre que mis sueños se quiebran, recojo de entre ellos esperanzas para trazar muchos nuevos.

Y en el amor es igual. Una vez me enamoré del que se cree un príncipe. Tal vez por encantador fue que me enganché, porque no me canso de decir que fui yo solita. Ese príncipe al que soñé encantador, talentoso, gracioso, magnífico y todos los etcéteras del mundo, no fue más que una falacia de las que tanto tiempo me empeñé en evitar.

Yo hubiera levantado castillos de la nada. Yo hubiera conquistado reinos enteros. Yo hubiera matado monstruos por él. Pero al parecer el alfeñique que creí fuerte, valeroso y merecedor de toda mi anormalidad no fue más que eso… un espejismo que se desvaneció cuando llegó la hora de ser recíprocos. En fin… no es el primer ni último cuento de hadas que no termina en final feliz. 

Hoy ya no creo en encantadores de cabellos rizados, ni de sonrisa fingida, ni de mucho menos en palabras vacías que llenan hojas que podrían llenar libros enteros. Hoy le doy oportunidad a los dragones, a los lobos (sobre todo a ellos), a los gnomos malhumorados que a final de cuentas siempre acaban dando gratas sorpresas.

Y con esto no digo que no me de la oportunidad de soñar… ¡al contrario! estoy viviendo mi vida de ensueño, pero con la diferencia de que todo lo que vivo es real, es genuino y no termina. Contrario a muchas creencias, el para siempre sí existe, tan así que lo estoy viviendo en mi ahora, con personas que no serán encantadoras, pero que son reales, que me dan cosas reales, que me enseñan a vivir la vida real. Diferentes a mí completamente, con gustos tan opuestos como el blanco y negro, pero que si quieren algo lo dicen, que si sienten algo lo expresan. 

Esas son las que quiero en mí aquí y ahora. Tal vez no será un mundito lleno de personas «encantadoras»… ¡y qué mejor! Quiero personas, así sin más adjetivos, personas que se quedan para siempre, en mí para siempre. No, no, no,no, en mi feliz por siempre.