Después de esto quizás tú también quieras malcriarlo, o, en realidad, ser una madre o padre normal.

Últimamente me he visto en la oportunidad de observar las críticas que la personas hacen a las madres, y por otro lado, madres que para evitar la crítica, retocan su labor ante los demás. Todos los días un niño se pierde un rato en un parque, quedando de ello el susto. Sin embargo, al día de hoy esa clase de cosas serán objeto de denuncia en redes sociales y la avalancha de personas harán lo propio en dos bandos: los que no tienen hijos y acusan a la señora de mediocre, y la condenan por tener hijos, ya que para que se le pierdan en un parque, es mejor no tenerlos, y el bando de los padres que manifiestan que la señora es una mediocre y que ellos no permitirían que un hijo se extravíe en un parque por estar dotados de mil ojos.

Inclusive alguna vez una persona muy cercana mía me hizo llorar porque fue capaz de decirme que el día que tuviese un hijo ella sí estaría consciente de que salir y relajarse, despejarse o pasear sola, iba a ser algo del pasado porque tenía qué estar consciente de que yo me arruiné la vida… y eso que yo sólo decía que quería salir alguna noche porque sentía que iba a enloquecer y quería un espacio para mí…

Así las cosas veo que el día de hoy hay muchos jueces de una realidad que nadie controla. Tener hijos y que a uno le pasen cosas con ellos lo vuelve a uno víctima de un escrutinio pleno de negatividad por cosas que a cualquiera pueden ocurrirle.

Una madre normal no va a sentarse a mirar al niño jugar todo el tiempo, ni a sentarse 6 horas diarias a fomentar su saber, eso no quiere decir que no se ame al niño, pero ahora quien no haga eso es un mal padre… y nos llena de culpa no cumplir con tan alto estándar, porque todos y cada uno de nosotros, padres, queramos o no aceptarlo, vemos hijos ajenos que suelen ser «mejor que el de uno» ya sea en internet, en la casa de al lado, o en la escuela, con padres que andan muy orondos porque su hijo no es el que está picándose la nariz sentado en el suelo o no es el padre del niño que llaman por la bocina del supermercado… porque ese es el de uno…

Inclusive, por causa de mi hijo, me veo bombardeada de padres perfectos de niños especiales, que son mejores que yo… que en las reuniones se pavonean diciendo que su hijo no come gluten, ni chocolate, ni caramelos, bebe todo sin conservantes, glutamatos y comida orgánica… mientras que el mío es… sí, aquel que se está comiendo la tierra de la maceta, con permiso…

Es mentira decir que uno puede prestar toda su atención a un niño, esta sociedad actualmente NO se encuentra en disposición de que eso sea así, como madres, nos exigen tener la casa impecable, aportar un ingreso, tener un hijo bien educado, no equivocarnos en ningún aspecto con él, ser buenas esposas, fogosas con la pareja, lucir un cuerpo de gimnasio, cocinar, estar bien presentables y estar presentes en todos y cada uno de los eventos de la escuela del niño, además de llevarlo y recogerlo cada día, hacerle la comida y tenerlos en una actividad extracurricular…

Y quien tenga la capacidad de hacerle creer eso al mundo, seguro ha rapado a su creativo hijo porque agarró unas tijeras y se voló media cabellera, se abstiene de comentar que fingió estar enferma para no decir que el niño se encontraba quemado con pañalitis, o que discutió con el esposo porque por vigésima octava vez el niño agarró un vaso de agua y lo vació en la cama de ellos.

Nadie puede ser ahora imperfecto en esta era de redes sociales en las que casi es una obligación tomarle fotos a la comida bien decoradita para decir que uno tiene todo bajo control…

Quisiera que el mundo recordara aquella frase que dice «no se habla de lo que no se sabe» para dirigirse a los padres… nadie conoce los hijos ajenos. Ni uno conoce a los propios, que suelen ser una sorpresa diaria al verlos un día mascando un cable, al otro aprendió a correr y le pareció divertido lanzarse a la calle mientras uno verifica que no le vayan a robar el auto bajando los seguros, o se salen del lado de uno del supermercado cuando trata de buscar entre el bolso lleno de juguetes, mamilas, ropa de repuesto, pañuelos, medicinas (aditamentos que nos hacen razonablemente buenos padres…) la bendita tarjeta para pagar la comida del niño… y suenan las palabras que de inmediato hacen de alguien la peor madre del mundo en la bocina: «niño extraviado, viste de tal manera, la mamá diríjase a la central»… y ahí va todo lo que se solía hablar de los demás padres a los que le pasaba eso…

Entonces si se les compra un bolsito con correa para evitar que eso pase… «allá va la mala madre que carga al hijo como un perro con correa»…

Entonces deja de salir a la calle… y se vuelve la mala madre que no lo estimula…

Es necesario dejar a los padres, ser padres, a los hijos ser niños, y aceptar que hay cosas que pasan, en lugar de juzgar cómodamente las circunstancias que originan polémica entre absolutos desconocidos y tienen como fin hacer sentir mal a los involucrados, crear pavor entre los que no tienen hijos, cosa que ha ido avanzando con mucho éxito, ya que se quiere hacer ver que tenerlos es sinónimo de encontrarse preso, el error cotidiano es imperdonable, y nadie está preparado para asumir tal imagen de perfección… abandonar su vida y pasar 6 horas enseñándole, 4 jugando, 6 en la escuela, 2 en extracurriculares… para criar pequeños modelos de redes sociales que visten bien, con padres desenvueltos, y poseen habilidades dignas de aplausos…

Mientras los que conocen, comen tierra, tienen a sus papás enloquecidos, se pierden en el parque… y por eso son malos padres…

Ser padre es hermoso y en cierto modo difícil… pero no nos lo hagan más difícil con juicios acerca de lo que no saben… es mejor no hablar de lo que no se sabe que verse arrepentido cuando les toque… somos madres normales. No tenemos mil ojos, y cualquier cosa puede pasar. Ya lo sabemos. Pero no podemos preverlo. Por más precauciones que se tomen al respecto… porque con todo y eso, las cosas pasan, y ello en la gran mayoría de los casos, no tiene qué ser el fin del mundo.

Un poco más de tolerancia a la cotidianidad de los padres no estaría mal para variar…