Colaboración por Kika Carrero
Lectora por naturaleza, escritora de experiencias sobre la vida y el amor, enamorada de la vida. Blog

Mujeres, yo de ellos aprendí que los tenemos aquí para que nos hagan algo más que un hijo.

Desde que estamos pequeñas nos enseñan cosas todo el tiempo… ¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo?, ¿cuándo hacerlo?, ¿qué decir?, ¿cómo decirlo?…

Y sí, todo lo que nos enseñan (en su gran mayoría) ¡es para complacer a los hombres! Nos enseñan 765 formas de cómo mantener un hogar (por que la mujer es la que mantiene el hogar), cómo criar niños, cómo cambiar pañales, cómo ser multitarea para que ellos estén disque «contentos» y la verdad es que (desde lo que yo he vivido) deberían enseñarnos cómo aprender a entenderlos para poder construir algo lindo con ellos haciéndolos partícipes del cuento… Porque sí; ellos también quieren que los escuchemos, también tienen sueños, miedos, carencias, ilusiones, exactamente igual que nosotras…

Deberían enseñarnos que no somos las únicas responsables de los hijos ni mucho menos del hogar y de mantenerlo bien.

Y entonces nos llevan a los extremos: la primera es que el tipo tiene que ser un príncipe porque si no es un príncipe entonces viene la segunda opción y es que el tipo es un perro revuelto con algún engendro insensible y la verdad es que ellos también tienen su lado emocional. Lado que las mujeres nos hemos dedicado a ignorar y por eso cuando nos enfrentamos a una pérdida o a la ruptura de una relación no sabemos ni que fue lo que pasó por que nunca supimos ver, no supimos escuchar, no supimos interpretar por que supuestamente «eso lo que ellos deben hacer con nosotras» y toda la información siempre estuvo ahí; en nuestras narices, y no fuimos capaces de ver…

Empezamos a verlo todo cuando ya para qué y viene con el doloroso «y si yo hubiera…»

En una relación la carga es 50 y 50 entonces, ¿por qué han querido cargarnos más a nosotras?, ¿por qué debemos hacer de padre y madre, de hombre y mujer, de empleada y esposa, de la que sube y baja, la que se quita y se pone, la que hace y deshace, la que da amor y regaña?

Nos han obligado a cargar la mayoría de la responsabilidad en las relaciones sin dejarnos tiempo ni de respirar y que decir del tiempo libre que NO nos queda para poder conocer realmente a ese hombre que tenemos al lado.

YO HE APRENDIDO A LIBERAR MIS CARGAS. Esa es la lección más grande de todo mi proceso.

Tomarme el tiempo para entender qué diablos pasó con nosotros si yo era «la mujer perfecta»… y la pregunta es: ¿La mujer perfecta para quién?… ¿yo quería ser esa mujer?… Y la respuesta fue NO.

Tuve que aprender a tomar lo que me servía, acoger lo que yo más amaba de mí y potencializarlo para poder integrar la figura de un hombre en mi vida a partir de lo que yo soy y dejándolo ser lo que él es. Respetando siempre SU lugar. Respetando siempre MI lugar.

Yo soy su mujer, su compañera, su novia, (no su mamá) que es básicamente para lo que nos educan, y NADIE, léase bien, NADIE necesita dos mamás porque como primera medida joden que da gusto y dos.

Mujeres; yo de ellos aprendí que los tenemos aquí para que nos hagan algo más que un hijo… Los tenemos para construir sueños, hogares, viajes, ilusiones, metas, lágrimas, historias, peleas, obligaciones… para caminar juntos de la mano, y es que para darle la mano a otra persona no se necesitan tres manos, con dos es más que suficiente.

Aprendamos a reconocer lo que es un hombre en nuestra vida y (entendamos con esto) asumir nuestro papel de mujeres hasta donde nos corresponde hacerlo. ¡Asumir nuestro 50%! Ellos saben bien cómo hacer su parte y no necesitan que nadie les diga cómo hacerlo. Para eso está la mamá… a la mujer la quieren para otras cosas y por eso si usted no aprende cómo hacerlo, ¡Se le fue!… Y sí se va pues chao, porque un hombre tampoco es un premio.

Aprendamos a construir con ellos desde lo que son y aprendamos a hacerlos partícipes de nuestras relaciones para que podamos entender en pareja lo que queremos del otro.