Me dijeron que sería difícil, que no volvería a dormir una noche entera, que me hartaría su llanto, que mi cuerpo quedaría destrozado, pero nadie me dijo lo más importante.

¿Recuerdas ese sentimiento cuando supiste que serías mamá por primera vez? Y es que no es un sólo sentimiento, sino muchos juntos de hecho. Sientes una adrenalina por tu cuerpo y comienzas a sentir amor por ese ser que está dentro de ti, que sin saber qué será, ya amas con todo tu ser. Muchos me dijeron que convertirme en mamá sería algo difícil, que no volvería a dormir una noche entera después de eso, que me hartaría su llanto y hasta podría ocasionarme dolores de cabeza, que mis familiares ya no preguntarían por mí, que ahora sólo lo harían por esa personita, otros me dijeron que mi cuerpo quedaría destrozado, que nunca volvería a tener el cuerpo igual, que ya no podría arreglarme como solía hacerlo, y que tampoco volvería a comer mi comida caliente.

Seguían comentando sobre cuánto dolía el parto y todas las complicaciones que traía, y que si se realizaba una cesárea batallaría el doble y quedaría marcada de por vida. Dijeron tantas cosas que comencé a sentir miedo y creo que ya tenía lo suficiente como para que me agregaran mas temores. Sin embargo nadie me dijo lo hermoso que se sentía por primera vez mirarlo en un ultrasonido, la sensación que te da al momento de darte la primera patadita, cómo te enamoras la primera vez que lo miras y que esas horas de dolor valen la pena. Sí, cada una de ellas.

Que todo lo tuyo sí se va a segundo término pero no importa porque es más importante esa sonrisa que te levanta por las mañanas esos abrazos y besos que te hacen olvidar todo aquello que pasaste, y que sin duda volverías a pasar para volver a ver esa carita y esos ojos. Sí, mi vida cambió y también lo hizo mi cuerpo, pero sin duda convertirme en madre fue lo mejor que me pudo pasar.