Colaboración por Cristina Esquiu
Nacida en Cataluña en el 87. Cristipolar. Chocolatefílica. Loca de los gatos. Leedora compulsiva de libros. Extremadamente organizadora. Maníatica del orden. Emocionalmente intensa. Escribo con amor y mucho sentimiento pero por necesidad, todo lo que escribo tiene su por qué y si me lo quedo dentro reviento. Kitten Brownie

Pero no lo son.

Los abuelos son en nuestras vidas una fuente inagotable de amor. Todos los días de tu vida te miman, te cuidan, te malcrían y te guardan. Es curioso, cuando somos pequeños nuestros abuelos nos hacen de segundos padres. Nunca o rara vez te riñen. A menudo te ponen tres veces más cantidad de comida en el plato de la que necesitas y te dan dinero a escondidas de tus padres “para tus cosas”. Los abuelos son nuestros salvadores, siempre hay un sí para nosotros.

Mientras nosotros vamos creciendo, madurando y creándonos como personas (mucho de esto gracias a los sabios consejos de los abuelos) ellos se van apagando.

Llega un punto en la vida donde se tornan los papeles y te das cuenta de que tú has crecido pero tus abuelos también han envejecido, cada vez son menos ágiles, no recuerdan según qué cosas, tienen menos hambre, la ilusión por hacer cualquier cosa es casi nula y ahora eres tú quien debe ocuparse de ellos y cuidarlos.

Es en este momento cuando te das cuenta que aunque siempre se lo hayas demostrado, ahora más que nunca es cuando debes devolverles todo el amor que ellos han proyectado en ti de manera exponencial.

Escucha todo lo que te quieran contar, incluso esas batallas de cuando eran jóvenes, pregúntales cosas sobre sus padres y sus abuelos, haz que te interese lo que les interesa, llévalos a pasear o a tomar un té a media tarde, abrázalos todas las veces que puedas, ves a verlos a menudo, diles que les quieres, bésalos. Cuéntale tus cosas y pídeles consejo. Hazte fotos con ellos y guardarlas para siempre.

Los abuelos deberían ser eternos, pero no lo son. Creemos que van a vivir para siempre y muchas veces olvidamos que están ahí, por eso, déjame que te de un consejo; vive cada instante con tus abuelos como si fuera el último, puede que la próxima vez que quieras abrazarlos o escuchar su voz ya no puedas hacerlo.