Quizá incluso algún día yo, tu niña querida, te pida ser tu niño querido.

Querida mamá: Te habla tu hija. Esa que ya tienes, esa que tendrás pronto, esa que sueñas tener algún día. Esa que espera ser la causa de tu alegría, esa que espera regalarte el mejor día de tu vida, esa que espera ser un sueño hecho realidad. Pero también soy algo inesperado, también te daré disgustos, también sufrirás por mí en muchas ocasiones. Tomaré decisiones que no te gusten, caminos que te angustien, y seré tan egoísta como para esperar que lo aceptes.

Siempre me he hecho una pregunta, mamá… ¿De verdad estabas o estás preparada para tenerme? Por suerte, tenemos un hogar, comida… Pero yo no hablo de eso, mamá. Mi pregunta es otra: ¿Me amarás, pase lo que pase?

Quizá yo no venga bien al mundo, mamá. Quizá no sea esa niña sana que corre y salta que esperabas tener. Quizá necesite estar en el hospital mucho tiempo, quizá nunca pueda curarme. Quizá mi cuerpo no esté completo, quizá mis piernas no me sirvan de mucho, quizá mi mente funcione de otra forma. Incluso puede que sientas que, al verme bien hoy, el peligro haya pasado. ¿Y si no es así?

Quizá sea una niña sana y fuerte. Pero que prefiera los coches a las muñecas, el fútbol a cocinar, los cuentos de aventuras antes que los de princesas. Quizá incluso algún día me guste más la ropa de niño y odie los vestidos o las faldas con flores que quieras ponerme. Quizá incluso algún día yo, tu niña querida, te pida ser tu niño querido.

Quizá sea una niña sana y fuerte, que jugó con muñecas, a la que le gustó el rosa, que vistió feliz vestidos y faldas con flores. Pero quizá tu niña, al hacerse mayor, empieza a sentir que le gustan otras niñas. Quizá nunca preste atención a ningún niño, a ningún joven. Quizá esas amigas que llevó a casa no sean amigas. Quizá esos amigos, esos que crees que son algo más, solo sean amigos.

Quizá sea una mujer sana y fuerte con un novio encantador. Pero quizá mis creencias no sean las tuyas. Quizá, a pesar de tu empeño, a pesar de que sientas que es lo mejor para mí, cambie la iglesia por la mezquita, o la sinagoga por un templo budista. Quizá crea en algo diferente, o quizá no crea en nada. Quizá necesite ver para creer. O al revés. Quizá tenga fe en algo que, según tú, no existe.

Incluso si nada de esto ocurre, quizá ocurra algo que no esperas. Si pasa cualquier cosa, ¿serás capaz de amarme? Mamá, necesito que me ames. Te necesito, mamá. Necesito tu amor para luchar contra la adversidad para ganar cada batalla, para que mi enfermedad, mi discapacidad, no me haga menos capaz de comerme el mundo. Necesito tu amor para ser quien soy, para ser yo misma, o yo mismo aunque te parezca extraño, pues el camino que debo recorrer es demasiado duro para caminarlo sin ti. Necesito tu amor, tu aceptación, para poder amar, no estar muerta de miedo al decirte la verdad. Necesito tu amor para que comprendas que lo que te ayuda y te sirve a ti no siempre me ayuda ni me sirve a mí, y que debo buscar por mi cuenta aquello que sane mi alma. Necesito tu amor, pues tu hija es un ser humano, y el abanico de posibilidades es infinito.

Sé que suena egoísta, sé que suena exigente, pero necesito, en definitiva, pedirte esto tan difícil: no ames a la hija que esperas, ama a la hija que tienes.