Nada más aburrido que tener toda la vida resuelta.

He llegado a la conclusión de que un buen porcentaje de nuestra baja autoestima se debe a la comparación de nuestra vida con la de otras personas. Esta comparación se da generalmente por medio de las redes sociales. A pesar de que sabemos que estamos comparando el “spotlight” de estas personas con nuestro detrás de cámaras (lo cual siempre terminará desventajoso para nosotros), seguimos haciéndolo y tomando esta comparación como prueba de lo mejor que la vida de los demás es. 

Bueno, pues me cansé de eso. Para romper el patrón, te escribí una carta. Sí, a ti. De humano a humano, para recordarte que la vida no es perfecta porque los humanos no somos perfectos y eso está bien.

A pesar de que me han dicho mil veces que soy inteligente, siempre me pongo muy nerviosa antes de un examen. A veces hasta me pongo a imaginar todos los posibles escenarios que ocurrirían si yo reprobara ese examen y me pongo tan derrotista, que en mi escena final estoy vendiendo chicles en una esquina.

Mucha gente me ha dicho que me ama, pero amarme a mí misma tal cual como soy, ha sido una de las cosas más difíciles y laboriosas que he tenido (y tengo) que hacer en mi vida. A veces soy demasiado autocrítica y he tenido que trabajar mucho el perdón y la autocompasión para no impedir que mi pasado interfiera de una manera negativa con mi futuro.

He escuchado de varia gente que soy bonita, pero hacer las paces con la del espejo ha sido todo un reto. Muchas veces me veía y empezaba el juicio: debería de tener menos aquí, más allá, dientes más blancos, cabello más claro, etc.

Al fin he empezado a verme y aceptarme tal cual como soy, sin exagerarme para bien ni para mal.

Te digo esto para que recuerdes que todos pasamos por momentos difíciles, ¿pero qué tendría de interesante la vida si no los tuviéramos? Es totalmente normal. Lo importante es ser compasivos con nosotros y los demás y no dejar que estas dudas nos impidan llegar a donde queremos. Recuerda que todos somos aprendices y lo seremos hasta el último día de nuestra vida y que sólo nos tenemos los unos a los otros.