Colaboración por Felipe Rivera
Soy un loco perdido que no busca pero que quiere encontrar ¿Qué? No lo sé, solo quiero encontrar.

Pero la impotencia que siento por no tenerte a mi lado es inmensa.

No es normal pensar tanto en alguien, añorar tener a esa persona cerca, besarle, consentirle, decirle cuánto la amas y demostrarle que sólo cuentas los días y las horas para estar con ella. Las llamadas y los mensajes se hacen cortos y escasos para cuando dos se quieren.

La nostalgia se apropia de cada palabra y hace que las conversaciones se conviertan en llantos, lamentos y quejas. Los kilómetros se vuelven problemas.

Las noches se hacen eternas cuando nos sentamos a hablar, pero todo lo conocido como “eterno” tiene su final. Nos despedimos fugazmente para hacer menor el dolor de no escucharnos más, desconectamos los teléfonos y decimos adiós.

En la cama, miramos hacia el techo y sonreímos, lo sé, eso causa la melancolía de separarnos, pensamos uno en el otro y por ese pequeño momento, nuestras mentes están conectadas, nuestros pensamientos son los mismos, nuestros corazones laten sincronizados y como si cumpliéramos una promesa; cerramos los ojos y descansamos.

Sus sentimientos son uno, sus almas son una.

Se sienten tranquilos al saber que ambos se quieren, ambos se piensan… a pesar de la distancia, están juntos.