Colaboración por Tania Muñoz
Soy lo que cada día escojo ser, hoy quiero escribir.

A mi corazón ya no lo daño más.

Me encontré un día con las manos arriba, defendiéndome de ti y al mismo tiempo agarrando con las uñas recuerdos que se volvían humo. Miraba el vacío, el hueco, el desorden en el que estábamos viviendo. Pero estaba yo ahí, con más cosas aprendidas de lo que imaginé.

Aprendí el verdadero significado del valor, valor que me llevó hasta la puerta y me hizo abrirla para que por fin te fueras. Esta vez sin lágrimas llenas de duda, sólo llevaba una sonrisa para darte la mejor de las suertes.

Siempre aparentaste ser el más fuerte, pero fui yo quien sentía la fuerza de los dos, para mantener la cabeza y los pies firmes y no flaquear la decisión, convencida de que a dos personas con las manos levantadas luchando en contra, no les quedan manos para levantar ninguna historia.

Antes de que tú llegaras, aquí ya conocíamos el amor, ahí parada te veía salir pero el gran amor entraba de vuelta, el gran amor hacia mí misma venía a ocupar su puesto, un lugar que en algún momento te lo dejó para que lo ocuparas entero.

Y finalmente me dejaba la lección más grande, cada respiro mío en busca de libertad, hinchaba el coraje para enfrentar lo que se venía. Ese coraje que me permitió limpiarme la cabeza y el alma, contestar preguntas sin dolor, sin bajar la voz podía decir que estaba sola y que no, que esta vez no te iba a permitir regresar. Caminar sin nadie a mi lado, sentir como la sonrisa y la alegría que eran tan mías volvían a iluminarme cada día. Pero sobre todo el coraje para asumir que se acabó, y llorar sin culpa hasta desvanecer el peso del dolor.

Convencida de que la paz ya no estaba a tu lado, salí por los sueños que empeñé por estar para ti mientras cumplías los tuyos.

Sigo sola, ¿y sabes?, es por elección porque estoy camino a reencontrarme y esa parte se la hace a pie, de frente y de a uno.

Y por eso no te equivoques, tú ya no me dueles, evito verte es cierto, porque a mi corazón no lo daño más. Mi corazón tiene paz sin verte, y se contenta sabiendo que tienes a alguien y que a tu manera también buscas ser feliz.