Colaboración por Daniela Pérez
Venezolana. Ciudadana del mundo. Pasión por la lectura directamente proporcional a la pasión por la escritura. Amante de los animales, viajes y libros. Laberinto de Serendipias

No esperes que suceda, HAZ que suceda.

Hay quien espera una oportunidad para cambiar su vida, pero puede que pase toda la vida esperando. Hay quien busca una oportunidad hasta “en el fin del mundo”, pero puede que esta simplemente no “aparezca”. Esperar por una oportunidad es dejar nuestro destino en manos de la suerte y buscar una oportunidad es tener la esperanza de que, en algún lugar y de alguna forma, tengamos lo que deseamos en bandeja de plata. En contraste, CREAR oportunidades es convertirnos en autores de nuestra propia historia. Un pasivo que espera, un esperanzado que busca o un soñador que crea, ¿cuánto más esperar para decidir que papel queremos jugar?

Seguramente todos hemos escuchado alguna vez “es que no se me ha presentado la oportunidad” o “no he encontrado una oportunidad para…”. Quizá el error sea pensar que las oportunidades son como manzanas en los árboles para los que parecen tener vidas más “afortunadas” o un golpe de suerte para aquellos que las buscan con persistencia. Aunque no es mentira que a veces tocan a nuestra puerta o simplemente “caen del cielo”, o entonces que las encontramos luego de mucho buscar, también es cierto que la forma más activa y satisfactoria de tener una oportunidad es siendo sus creadores. Si hay algo que deseamos mucho, si tenemos una meta fijada entre ceja y ceja… esperar o buscar no es suficiente, debemos convertirnos en creadores de nuestras propias oportunidades. El camino al éxito y a la realización personal y profesional no es para ser transitado como un pasajero pasivo, sino como un conductor decidido.

Una vez hemos decidido convertirnos en “creadores de oportunidades”, estas son algunas cosas que debemos tener en cuenta:

1. Nadie puede detenerte tanto como tú mismo/a: Es así. Nadie tiene más poder sobre nosotros que nuestros propios pensamientos. Una persona gobernada por sus inseguridades, temores y autocríticas destructivas es verduga de sí misma, su mayor freno para avanzar. Reconocer nuestro propio potencial es clave.

2. Vencer los miedos. Pensar demasiado nos lleva, automáticamente, a dar más peso a los “contras” que a los “pros” y el miedo al riesgo nos paraliza. No hace falta repetir que “quien no arriesga, no gana”.

3. Hacer que las cosas sucedan. Esperar que algo llegue a nosotros genera ansiedad, inseguridad y, con el tiempo, desanimo. No esperes que suceda, HAZ que suceda.

4. Dar un salto fuera de la zona de confort. Estar en nuestro sitio cómodo es tan simple que, si no nos damos una sacudida, permaneceremos allí aunque no nos guste y aspiremos a más. Haz lo que nunca imaginaste hacer, considera lo inconsiderable, apuesta por algo inesperado, sigue tus instintos.

5. Pocas cosas son tan importantes como la resiliencia. Hasta el fracaso más grande trae consigo una amplia gama de posibles oportunidades si somos suficientemente creativos. Sin duda alguna, podemos hacer de cualquier mal día o período una oportunidad para mejorar en diversas dimensiones.

Esperar que la puerta se abra sola, buscar puerta tras puerta y ver cuál es la mejor… o crear nuestro propio camino hacia aquello que deseamos. ¡La mejor opción es bastante obvia!